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Koh Kood

Para llegar hasta las islas desde el aeropuerto secundario de Bangkok, fue una locura. Fuimos en autobús a una rotonda céntrica de la ciudad, Victory Monument, donde nos dijeron que salían minivans hacia todos los destinos. Coches, buses, minivans y gente por todas partes. Preguntando a uno y otro, sin papa de inglés y bajo el calor bochornoso de Bangkok, llegamos a la susodicha vendedora del destino que buscábamos. Pero llegamos tarde. El viaje al puerto de Trat, de donde sale el ferry a las islas, tarda 4/5h y llegábamos tarde al último barco. Así pues, cogimos la minivan a Trat para el próximo día partir a las islas. Llegamos en 4h con un conductor de infarto.
Teníamos reservada una habitación en Koh Chang, pero no en Trat. Perdimos la noche en Chang pero dormimos en uno de los hoteles que habíamos  ojeado en Trat “por si a caso”.
Al día siguiente partimos a Koh Kood en vez de Koh Chang, porque habíamos leído que era más natural. Ya veis que los planes no los hemos decidido hasta el último momento en todo el viaje.
Por cierto, ¿habíais visto alguna vez una furgo con ventilador?

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Koh Kood o Koh Kut es una de las islas de otro de los archipiélagos de la costa del Golfo, muy muy cerca de Cambodja.
Llegamos sin tener claro si quedarnos todos los días que nos quedaban o combinarlo con Koh Chang, dependía de lo que nos sugeriese el lugar.

El hotel que cogimos para la primera noche estaba al sur de la isla, justo al lado contrario del puerto, por lo que en el camino pudimos tener una buena idea de la isla. Verde, mucho verde. Algunas casuchas, algunos bungalows costeros, poca gente y poco tráfico. Bien.

El hotel estaba enclavado justo en una playa. Larga, llena de cocoteros, toda para nosotros.

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La verdad que el hotel estaba muy bien y la comida que servían muy buena y abundante, pero la ubicación era complicada porque pillaba lejos de todo. Así que buscamos otro “hotel” más “céntrico”. Al llegar nos pareció bien y decidimos quedarnos los 4 días sobretodo por el precio que conseguimos: 4noches para dos personas, con baño privado + 4 días de moto = 2200baths (55€).

Luego dormimos en la habitación y nos dimos cuenta del polvo, del baño abierto con mosquitera, de los mosquitos en general en la habitación y en la isla.

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Además al día siguiente nos dimos cuenta de que la moto tenía una rueda pinchada. La dueña del hotel no había llegado aún y las sobrinas, que se suponía que estaban al cargo de mientras, habían desaparecido después de que les pagásemos la mañana anterior. Nos entró el bajón, la verdad, y el arrepentimiento de haber cogido los 4 días antes de probar.

Pero, oye, después de dos meses viajando algo teníamos que haber aprendido. Pasamos el día en la playa creando. Las playas de esta isla también están llenas de olas molestas así que lo de bañarse era o tirado en la orilla o sólo para entrar y refrescarse. Llevábamos varios días que nos sentíamos creativos y nos explotó la creatividad. Estuvimos pensando una historia y plasmándola en la cámara. Se nos pasaron las horas volando. De ahí fuimos a comer a un italiano riquísimo. Probamos suerte en volver al hotel en busca de una solución para la moto y la encontramos. La dueña ya había llegado y nos dejó su moto mientras arreglaban la otra. El padre de la dueña andaba por allí y Xavi le propuso una partida a la petanca, precioso ver cómo dos personas de dos mundos tan distintos que siquiera comparten un idioma pueden pasar un rato tan entrañable.

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Cuando entramos a la habitación aireamos las sábanas, barrimos y a la noche compramos un incienso antimosquitos que nos sirvió para dar buen olor y para protegernos.
A partir de ahí, todo como la seda.

Visitamos algunas playas de la isla, algunas cascadas, comer y relajarse, poco más. Como ya estábamos nostálgicos pasábamos hasta de las fotos, la verdad, aquí algunas:

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Y esto se acaba, señores, escribo desde el autocar hacia Bangkok donde hoy dormiremos en el mismo hotel donde dormimos la primera noche. Y mañana, vuelo de vuelta….

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Gili Air

Las Gili son tres y nosotros elegimos la menos transitada, buscábamos paz.
Y la encontramos.

Además, tuvimos la suerte de encontrar un hotel lejos del puerto y la gente. Una cabañita preciosa, con el lavabo abierto al aire libre y desayuno incluido. Una maravilla.

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En sí la isla tiene unos 5km, y no hay motor alguno. Los coches ni caben, las pocas motos que hay son eléctricas y se encienden con interruptor y los taxis son carros de caballos.

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Entre que el primer día llegamos y comimos, y que aquí se hace de noche antes, pronto nos cogió el anochecer. Y justo es al norte, donde nuestro hotel, donde se pone el sol de esta bonita forma.

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Los otros días estuvimos explorando la isla y nos dimos cuenta que este lugar vale la pena. Aguas claras y muchooooos corales, ¡vaya colección de natura morta he hecho! La orilla estaba repleta de restos de ellos.

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¡Y qué montón de natura viva también! Aquí el fenómeno marea es muy fuerte y en pocas horas el agua desaparece y deja al descubierto sus secretos.

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Disfrutamos como auténticos niños admirando estos pequeños trocitos de vida en acción.

Al principio vinimos con idea de ir de una isla a otra pero nos encontramos taaaan bien ahí, que ahí estuvimos 5 días. Hay turismo, pero más gente tranquila y hippie. Más de uno seguro que venía más por las setas “felices” que te ofrecían en cualquier lado. No se asusten, padres, nosotros no necesitamos estupefacientes para ver las estrellas, que por cierto, ¡¡¡vaya cielo estrellado por las noches!!!

Por cierto, mirar que barcos raros se estilan por las Gili.

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En nuestro camino vuelta a Bali para coger el avión a Bangkok, conocimos a un hombre holandés que hablaba español. Este hombre andaba por allí buscando un hotel que comprar y nos enseñó el que quería; una pedazo de casa, con piscina, muy bien arreglada, que ya funcionaba y tenía mánager y trabajadores y muy buenas notas en Tripadvisor, por la cifra de 250.000€. A ver, que yo no los tengo, ni los tendré, pero oye, ¡buena inversión!
El tema es que este hombre, que además tenía una tía abuela que fue mujer la mujer de Josep Pla, nos dijo que Nusa Penida era una isla aún muy virgen y preciosa. Lloramos mucho porque esa fue nuestra primera idea antes que las Gili, pero al final nos convencieron.

No hay mal que por bien no venga, Gili Air nos ha  brindado unos días preciosos (¡y no me ha picado ni un mosquito!).
Ya estamos en Tailandia para pasar nuestra última semana (lágrimas) en otra/s isla/s que nos quedó pendiente: Koh Kood y quizás Koh Chang.

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Bali

A decir verdad, esperábamos de Bali playas bonitas y relax máximo. Al ser el sitio que más nos ha costado encontrar información por internet, pensábamos que estaríamos solos…. Pero la realidad siempre supera la imaginación.
Nada más llegar al aeropuerto revivimos la sensación tailandesa de un montón de taxistas queriendo llevarte, señal de turismo elevado. Con el sueño que llevábamos estuvimos muy poco avispados y al final nos fuimos con el timador de turno que va sin taxímetro y te cobra lo que quiere. De camino al hotel ya nos pareció raro tanto tráfico a las 8 de la mañana. A la tarde nos dimos un paseo y el tráfico seguía. No podíamos creernos el movimiento que había en la carretera y, sobretodo, la cantidad de motos.

Al día siguiente nos dió un poco de cosa coger una moto, pero era eso o nada, todo está a largas distancias. Con el mono de playa, nos pusimos en dirección al sur de la isla, Kuta, y… chasco! Nos tocó la playa de las olas y los surferos!

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Yo y mis dotes de nadadora disfrutamos mucho de la sombra de una palmera mientras el niño jugaba con las olas. Para ser justos, nos fuimos en busca de otra playa para que yo también pudiera refrescarme. Ya llegando a nuestro destino, empezamos a ver a guiris con pelo largo y gorra para atrás, tablas de surf… Más olas. Directamente pasamos de largo, aunque la playa se veía muy bonita, y fuimos a visitar el templo de Uluwatu.

Este templo se encuentra en lo alto de un acantilado.

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Precioso de ver, el lugar, porque el templo no tiene nada y está casi todo cerrado sólo para rezar. Nos sorprendió la cantidad de turistas que había. No habíamos encontrado tanta gente desde el Grand Palace en Bangkok.
Además había varios monos cabroncetes. Vimos a uno robar en directo las gafas de sol de la cabeza de una chica y otro con dos móviles. Nos dejó un sabor amargo.

Al día siguiente fuimos en busca de un templo famoso, pero resultó que Google Maps no daba la dirección correcta, estaba mucho más al norte. Para aprovechar, nos fuimos en busca de otra playa al azar, más cerca de donde nos hospedábamos.
Ahí ya nos dimos cuenta de que el tema ola es algo común en Bali. El tipo del chiringo donde me senté a verlas venir nos dijo que en dos semanas tiene que cerrar de lo grandes que son las olas. Hubo olas que sobrepasaban a Xavi con las manos en alto, y mide 1.90m.

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De aquí nos fuimos a otro templo costero (me acabo de inventar el concepto): Tanah Lot. Un templo muy conocido porque las olas rompen en él.

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Ubicación idílica pero la masa de gente, terrorífica. ¡Qué poco y qué mal cuidamos estos pequeños paraísos!

Al tercer día nos mudamos más al norte, Ubud, porque las distancias para visitar esta parte en moto eran demasiado largas. Esperábamos encontrar verde por fin, y no lo encontramos. Entre eso, que el tráfico continuaba, que el taxista nos cobró otra vez un montón y que investigamos por internet y las mejores playas de la isla eran las que ya conocíamos, nos entró bajón. Ese día lloramos un poco, compramos vuelo a Bangkok, antes de lo previsto, y estuvimos planeando los 7 días que nos quedaban en Indonesia.

Al día siguiente, ayer, con pocas expectativas, nos dirigimos a visitar el volcán, Batur. A medio camino empezó a refrescar y nos alcanzó la negrura, llovió. Este trozo ya había sido más verde que lo que ya habíamos visto de Bali. Paramos en un lugar cualquiera a ver llover, filosofamos sobre la vida largo y tendido. La sensación de autenticidad volvió, Thanks God.
Cuando se despejó seguimos subiendo hacia nuestro destino.

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Gracias Batur, por darnos la sensación que buscábamos. Verde, silencio, fresquito, gente real, gente intentando vendernos cosas hasta en moto pero también niños jugando a fútbol entre vacas y cultivos de coles. Ya era hora. Al final ha sido uno de los ratos más auténticos de nuestro viaje hasta ahora.

En el camino de vuelta paramos en las terrazas de arroz, también mucho turista y listo cobrándote por aparcar en la calle, pero un paisaje que vale la pena .

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Para el día de hoy, un par de templos más. Goa Gajah, el primero. Un templo bastante bonito y al lado de un bosque que nos ha dado por investigar. Experiencia positiva. Esta vez hemos sorteado los cobradores de párquing.

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Después de esto, hemos visitado el templo más famoso de Bali: Tirta Empul. Es conocido por tener fuentes purificadoras donde la gente va a bañarse. Con el susto que nos llevamos con las otras visitas, teníamos miedo de agobiarnos de turistas, pero no ha sido tan grave.

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Me chiflan las esculturas que hay en estos templos y en todas partes, hay mucho movimiento de artesanía por estos lares.

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Como ya hemos leído y nos han dicho que las playas idílicas de Bali acabaron hace tiempo y en general no nos ha transmitido lo que buscábamos, hemos decidido mudarnos mañana a las Gili, unas islas que forman parte de Lombok. Vamos con una mezcla de miedo y esperanza… ¡Desearnos suerte!

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Últimos días en Tailandia

Lo más relevante de Koh Lanta es que llegamos a estar solos en esta playa:

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Luego apareció otra pareja y nos chafó la historia. Pero fue una sensación hermosa.
Por lo demás, esta isla es poco turística, lo que te da más visión de realidad: los tailandeses son gente tranquila y poco pretenciosa y tienen un país bien verde y bello.

De ahí aparecimos en Koh Lipe, una isla pequeñita. El barco atraca y aparecemos en una plataforma en medio del agua… Ojos como platos. Había que coger un taxi-barco sí o sí y pagar 200bahts para entrar porque la isla pertenece al Parque Nacional Tarutao. Juzguen ustedes mismos.

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Aunque la primera impresión fue de otra Koh Phi Phi mega prostituida, al paso de los días y los paseos cambiamos de opinión. Playas preciosas y muy poca gente. Se nota la temporada baja porque hay muchos bares y resorts cerrados.
De momento, mi lugar favorito.

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Hoy ha sido nuestro último día en Tailandia. Hoy hace un mes que empezamos este viaje. A selfie por día (más o menos) este es el resumen:

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Y además… ¡Hoy era el cumple del Xavi! Felicidadeeeeeeeeees! Ha habido vela y cumpleaños feliz 🙂 Vale, es muy bonito cumplir años en casa con todos que te quieren, pero, oye… Cumplir años en este paraíso no es para quejarse!

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Y para hacer una especie de resumen de Tailandia… Las cosas que más me han sorprendido:
– La cantidad de perros callejeros que hay, una barbaridad.
– Que se monten hasta 4 personas en una moto, y sin casco.
– Las moto-cocina/moto-taxi.
– El panzón de arroz y fideos que te das.
– Lo barato que es todo (nos hemos gastado unos 1700€ entre los dos… En un mes! Contando que hemos cogido miles de transportes, incluido avión.)
– La cantidad de transexuales que hay. Siendo un país pobre me ha sorprendido que estén tan bien integrados.
– Y los tailandeses son gente maja, la verdad, con una sonrisa siempre.

Mañana entramos a Malasia por mar, por Langkawi, otra isla. Dejamos el año 2559 tailandés para volver al 2016 internacional. Cambio de moneda y de idioma, ahora que ya dominábamos…

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Las islas del Golfo

Aventuras y desventuras podría ser el subtítulo de esta publicación.
El día que dejamos Pai nos tiramos: 4h en minivan por curvas, directos al aeropuerto de Chiang Mai para coger un avión de hora y media que nos dejó en Surat Thani donde cogimos un autocar otra hora y media dirección al barco de dos horas que nos dejó, finalmente, en Koh Samui. Buf.

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El viaje, además, fue acompañado por algunos malestares estomacales. Así que os podéis imaginar que la primera noche y el día siguiente en Samui no hicimos casi nada o nada. Pero, oye, qué alegría da estar entre olas.

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Koh Samui es la isla con peor fama de la zona porque es la que más tiempo hace que tiene turismo y, por lo tanto, está más plagada de resorts y restaurantes y todo tipo de negocio de cara al guiri. Nosotros, como buenos viajeros, le dimos una oportunidad. Buscamos recomendaciones y con moto en mano nos pusimos a explorar.
El primer día por nuestro barrio, “Fisherman’s Village”, una playa bien larga, aguas y arenas como podemos encontrar por Barcelona y el Maresme, pero bien solitos y tranquilos.

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El segundo fuimos en busca de las playas que salen en las guías pero encontramos rincones idílicos mucho mejores.
Esta en la Crystal Bay, parte de un hotel.

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En algún lugar cerca de Chaweng Beach.

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Para rematar las visitas fuimos a ver al gran Buddha y una imperdible puesta de sol nos pillo por sorpresa.

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De aquí nos fuimos a la segunda isla más grande de la zona: Koh Phangan.

Esta es conocida por sus fiestas cada Luna Llena. Nosotros evitamos el gentío y fuimos justo después de la última.
El primer día hicimos un primer tanteo y ya vimos que la cosa pintaba complicada. Resulta que estas islas son montañas y nosotros nos vemos dos personas (cientoytantosquilos) en una motillo… Hay cuestas que aquí la menda he tenido que subir andando porque la moto con los dos no podía.
Estábamos por el sur y visitamos un par de playitas.

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El segundo día nos volvimos a encontrar un poquillo mal así que hicimos reposo total. Por la tarde, para paliar la calor, nos fuimos a dar un bañito. Aún no os había dicho que aquí hay miles, MILES, de perros callejeros (no, no se los comen). Pues bien, fuimos a una playa y un perrito se encariñó de Xavi y empezó a seguirlo. Lo que podría parecer una escena bonita, no lo era tanto, pues lo que menos queríamos era coger pulgas o garrapatas (como poco), así que después de varios intentos de deshacernos de él, optamos por ir a otra playa. Encontramos un lugar idílico, del cual no tenemos foto. Pero para rematar nuestra suerte, otro perro aprovechó que estábamos en el agua para mearse en nuestra toalla…
La puesta de sol, una vez más nos devolvió los ánimos.

Ayer hicimos las visita obligada a las playas del norte, para variar, las no anunciadas son las más bonitas. Y aunque tuvimos un par de momentos tensos con cuestas en la moto, los superamos.
Cerca de Chaloklum.

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La famosa Mae Haad.

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Hoy nos ponemos camino a la tercera y última isla del Golfo que visitaremos: Koh Tao.

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