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Tailanda calidade

Ya ha pasado un mes… Pobres de nosotros.

Aún buscando un lugar de nuevo, sin dejar de pensar, recordar, mirar fotos para soñar con lo que ya pasó.

Aquí algunas fotos de Tailandia en calidad cámara réflex.

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Otra historia más que contar

Dicen que viajar te hace pensar, cambiar, crecer.

Sin duda, contra más largo es un viaje, más tiempo tiene uno de pensar. Porque, no nos engañemos, uno no está todo el tiempo arriba y abajo haciendo cosas, mucho tiempo es “muerto”.

Ya se sabe que, además, no es lo mismo ir a Francia, que a Turquía, que a China. La distancia aumenta la diferencia cultural (aunque con tanto movimiento y globalización, cada vez menos). Y si uno viaja como dice Xavi: “Viajar no es visitar un sitio, es ser parte de él.” Más aún. Y para ser parte de un lugar ajeno a nuestra rutina, uno tiene que adaptarse, tiene que cambiar.

¿Sabéis aquello de salir de la zona de confort? Uno está acostumbrado a unas formas de hacer, aunque no sean beneficiosas, a unas personas, a un entorno… A veces, aunque eso que nos rodea no nos aporte nada bueno o nada nuevo, seguimos ahí anclados por miedo a lo nuevo, por miedo a lo desconocido, por miedo. Una vez que uno se enfrenta a estas cosas, aprende y las incorpora a su vida. De esta forma, la próxima vez, esas cosas no le darán tanto miedo y las cosas que aún son desconocidas le parecerán menos difíciles. La zona de confort se hace más grande, lo que nos hace crecer.

Yo siempre he sido una persona muy observadora y reflexiva. He tenido y tengo muchos miedos, pero, a mi velocidad, me he ido enfrentando a ellos. Sabía que podía hacer este viaje porque me conozco y sé a lo que puedo enfrentarme. Pero, la verdad, me he sorprendido de nuevo. Me han sorprendido cosas negativas de mí que pensaba que ya había superado y me he reforzado en cosas positivas que ya había estado trabajando.

Los más cotillas estarán pensando : ¿y qué, y qué? ¡Que no has ido sola!  Aún siendo como somos seres sociales es impresionante ver que, a veces, es más reto relacionarse con otras personas que el propio hecho de estar en entornos desconocidos… ¡cómo somos! Y puedo decir que la compañía ha sido totalmente grata, digna de aportar apoyo, diversión, reflexión y crecimiento mutuo. Prueba más que superada.

Por lo que respecta a Asia. Dos meses nos parecían mucho cuando comenzamos y, como ya imaginábamos, no es suficiente.

Hemos visitado sobretodo Tailandia. Sin duda el país donde es más fácil viajar. Se nota que hay mucho viajero y las rutas están ya muy marcadas. Esto lo hace quizás menos auténtico, menos salvaje, pero ayuda. Y lo que más ayuda es su gente; gente maja que muchas veces te ve como un billete andante pero que no deja de sonreír. La verdad que no nos queda claro si son pobres o si es que se conforman con lo que tienen. Sin duda, el calor no ayuda a activarse. Hemos visto sobretodo islas, bastante explotadas en general. Hay playas bonitas, pero el paraíso no existe y las Baleares y la Costa Brava no tienen tanto que envidiarle. Lo peor: los mosquitos y la poca variedad de dieta: arroz y fideos.

De Malasia visitamos 4 sitios, dos islas y tres ciudades (sé contar, pero una de las ciudades está en una de las islas). Nos impactó desde el principio que se veía mucho más civilizado que Tailandia. Se nota que hay mucho menos turismo, te tienes que buscar un poco más la vida, no hay tanta información por Internet… la gente es bastante más seria, supongo que también por eso parece que el país va mejor. Mucha más variedad de comida debido a la mezcla de culturas. Tuve la sensación que es un lugar donde podríamos llegar a vivir.

Singapur fue un “pis-pas” y no lo visitamos en profundidad. La sensación que me dió es de gran ciudad tipo Nueva York, con sus suburbios y sus rascacielos. Nos dió mucho que pensar como estando tan cerca de Tailandia y Malasia haya conseguido ser tan distinta y tan rica.

Indonesia me ha sabido a poco. Bali nos dió una primera impresión muy mala con tanto tráfico y tanta gente y tanta gente queriendo hacer negocio con nosotros, nos agobió. Luego vimos la naturaleza y una isla; me dejó la impresión que si hubiéramos indagado un poco más, nos hubiera gustado.

Para un próximo viaje, no volvería a esta zona (aún), me da la sensación que aún con sus cambios, todo va a ser un poco la misma historia.
Es más, ya tenemos nuevo objetivo… Así que, ¡manos al ahorro y a seguir!

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Koh Kood

Para llegar hasta las islas desde el aeropuerto secundario de Bangkok, fue una locura. Fuimos en autobús a una rotonda céntrica de la ciudad, Victory Monument, donde nos dijeron que salían minivans hacia todos los destinos. Coches, buses, minivans y gente por todas partes. Preguntando a uno y otro, sin papa de inglés y bajo el calor bochornoso de Bangkok, llegamos a la susodicha vendedora del destino que buscábamos. Pero llegamos tarde. El viaje al puerto de Trat, de donde sale el ferry a las islas, tarda 4/5h y llegábamos tarde al último barco. Así pues, cogimos la minivan a Trat para el próximo día partir a las islas. Llegamos en 4h con un conductor de infarto.
Teníamos reservada una habitación en Koh Chang, pero no en Trat. Perdimos la noche en Chang pero dormimos en uno de los hoteles que habíamos  ojeado en Trat “por si a caso”.
Al día siguiente partimos a Koh Kood en vez de Koh Chang, porque habíamos leído que era más natural. Ya veis que los planes no los hemos decidido hasta el último momento en todo el viaje.
Por cierto, ¿habíais visto alguna vez una furgo con ventilador?

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Koh Kood o Koh Kut es una de las islas de otro de los archipiélagos de la costa del Golfo, muy muy cerca de Cambodja.
Llegamos sin tener claro si quedarnos todos los días que nos quedaban o combinarlo con Koh Chang, dependía de lo que nos sugeriese el lugar.

El hotel que cogimos para la primera noche estaba al sur de la isla, justo al lado contrario del puerto, por lo que en el camino pudimos tener una buena idea de la isla. Verde, mucho verde. Algunas casuchas, algunos bungalows costeros, poca gente y poco tráfico. Bien.

El hotel estaba enclavado justo en una playa. Larga, llena de cocoteros, toda para nosotros.

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La verdad que el hotel estaba muy bien y la comida que servían muy buena y abundante, pero la ubicación era complicada porque pillaba lejos de todo. Así que buscamos otro “hotel” más “céntrico”. Al llegar nos pareció bien y decidimos quedarnos los 4 días sobretodo por el precio que conseguimos: 4noches para dos personas, con baño privado + 4 días de moto = 2200baths (55€).

Luego dormimos en la habitación y nos dimos cuenta del polvo, del baño abierto con mosquitera, de los mosquitos en general en la habitación y en la isla.

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Además al día siguiente nos dimos cuenta de que la moto tenía una rueda pinchada. La dueña del hotel no había llegado aún y las sobrinas, que se suponía que estaban al cargo de mientras, habían desaparecido después de que les pagásemos la mañana anterior. Nos entró el bajón, la verdad, y el arrepentimiento de haber cogido los 4 días antes de probar.

Pero, oye, después de dos meses viajando algo teníamos que haber aprendido. Pasamos el día en la playa creando. Las playas de esta isla también están llenas de olas molestas así que lo de bañarse era o tirado en la orilla o sólo para entrar y refrescarse. Llevábamos varios días que nos sentíamos creativos y nos explotó la creatividad. Estuvimos pensando una historia y plasmándola en la cámara. Se nos pasaron las horas volando. De ahí fuimos a comer a un italiano riquísimo. Probamos suerte en volver al hotel en busca de una solución para la moto y la encontramos. La dueña ya había llegado y nos dejó su moto mientras arreglaban la otra. El padre de la dueña andaba por allí y Xavi le propuso una partida a la petanca, precioso ver cómo dos personas de dos mundos tan distintos que siquiera comparten un idioma pueden pasar un rato tan entrañable.

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Cuando entramos a la habitación aireamos las sábanas, barrimos y a la noche compramos un incienso antimosquitos que nos sirvió para dar buen olor y para protegernos.
A partir de ahí, todo como la seda.

Visitamos algunas playas de la isla, algunas cascadas, comer y relajarse, poco más. Como ya estábamos nostálgicos pasábamos hasta de las fotos, la verdad, aquí algunas:

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Y esto se acaba, señores, escribo desde el autocar hacia Bangkok donde hoy dormiremos en el mismo hotel donde dormimos la primera noche. Y mañana, vuelo de vuelta….

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Gili Air

Las Gili son tres y nosotros elegimos la menos transitada, buscábamos paz.
Y la encontramos.

Además, tuvimos la suerte de encontrar un hotel lejos del puerto y la gente. Una cabañita preciosa, con el lavabo abierto al aire libre y desayuno incluido. Una maravilla.

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En sí la isla tiene unos 5km, y no hay motor alguno. Los coches ni caben, las pocas motos que hay son eléctricas y se encienden con interruptor y los taxis son carros de caballos.

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Entre que el primer día llegamos y comimos, y que aquí se hace de noche antes, pronto nos cogió el anochecer. Y justo es al norte, donde nuestro hotel, donde se pone el sol de esta bonita forma.

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Los otros días estuvimos explorando la isla y nos dimos cuenta que este lugar vale la pena. Aguas claras y muchooooos corales, ¡vaya colección de natura morta he hecho! La orilla estaba repleta de restos de ellos.

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¡Y qué montón de natura viva también! Aquí el fenómeno marea es muy fuerte y en pocas horas el agua desaparece y deja al descubierto sus secretos.

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Disfrutamos como auténticos niños admirando estos pequeños trocitos de vida en acción.

Al principio vinimos con idea de ir de una isla a otra pero nos encontramos taaaan bien ahí, que ahí estuvimos 5 días. Hay turismo, pero más gente tranquila y hippie. Más de uno seguro que venía más por las setas “felices” que te ofrecían en cualquier lado. No se asusten, padres, nosotros no necesitamos estupefacientes para ver las estrellas, que por cierto, ¡¡¡vaya cielo estrellado por las noches!!!

Por cierto, mirar que barcos raros se estilan por las Gili.

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En nuestro camino vuelta a Bali para coger el avión a Bangkok, conocimos a un hombre holandés que hablaba español. Este hombre andaba por allí buscando un hotel que comprar y nos enseñó el que quería; una pedazo de casa, con piscina, muy bien arreglada, que ya funcionaba y tenía mánager y trabajadores y muy buenas notas en Tripadvisor, por la cifra de 250.000€. A ver, que yo no los tengo, ni los tendré, pero oye, ¡buena inversión!
El tema es que este hombre, que además tenía una tía abuela que fue mujer la mujer de Josep Pla, nos dijo que Nusa Penida era una isla aún muy virgen y preciosa. Lloramos mucho porque esa fue nuestra primera idea antes que las Gili, pero al final nos convencieron.

No hay mal que por bien no venga, Gili Air nos ha  brindado unos días preciosos (¡y no me ha picado ni un mosquito!).
Ya estamos en Tailandia para pasar nuestra última semana (lágrimas) en otra/s isla/s que nos quedó pendiente: Koh Kood y quizás Koh Chang.

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Bali

A decir verdad, esperábamos de Bali playas bonitas y relax máximo. Al ser el sitio que más nos ha costado encontrar información por internet, pensábamos que estaríamos solos…. Pero la realidad siempre supera la imaginación.
Nada más llegar al aeropuerto revivimos la sensación tailandesa de un montón de taxistas queriendo llevarte, señal de turismo elevado. Con el sueño que llevábamos estuvimos muy poco avispados y al final nos fuimos con el timador de turno que va sin taxímetro y te cobra lo que quiere. De camino al hotel ya nos pareció raro tanto tráfico a las 8 de la mañana. A la tarde nos dimos un paseo y el tráfico seguía. No podíamos creernos el movimiento que había en la carretera y, sobretodo, la cantidad de motos.

Al día siguiente nos dió un poco de cosa coger una moto, pero era eso o nada, todo está a largas distancias. Con el mono de playa, nos pusimos en dirección al sur de la isla, Kuta, y… chasco! Nos tocó la playa de las olas y los surferos!

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Yo y mis dotes de nadadora disfrutamos mucho de la sombra de una palmera mientras el niño jugaba con las olas. Para ser justos, nos fuimos en busca de otra playa para que yo también pudiera refrescarme. Ya llegando a nuestro destino, empezamos a ver a guiris con pelo largo y gorra para atrás, tablas de surf… Más olas. Directamente pasamos de largo, aunque la playa se veía muy bonita, y fuimos a visitar el templo de Uluwatu.

Este templo se encuentra en lo alto de un acantilado.

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Precioso de ver, el lugar, porque el templo no tiene nada y está casi todo cerrado sólo para rezar. Nos sorprendió la cantidad de turistas que había. No habíamos encontrado tanta gente desde el Grand Palace en Bangkok.
Además había varios monos cabroncetes. Vimos a uno robar en directo las gafas de sol de la cabeza de una chica y otro con dos móviles. Nos dejó un sabor amargo.

Al día siguiente fuimos en busca de un templo famoso, pero resultó que Google Maps no daba la dirección correcta, estaba mucho más al norte. Para aprovechar, nos fuimos en busca de otra playa al azar, más cerca de donde nos hospedábamos.
Ahí ya nos dimos cuenta de que el tema ola es algo común en Bali. El tipo del chiringo donde me senté a verlas venir nos dijo que en dos semanas tiene que cerrar de lo grandes que son las olas. Hubo olas que sobrepasaban a Xavi con las manos en alto, y mide 1.90m.

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De aquí nos fuimos a otro templo costero (me acabo de inventar el concepto): Tanah Lot. Un templo muy conocido porque las olas rompen en él.

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Ubicación idílica pero la masa de gente, terrorífica. ¡Qué poco y qué mal cuidamos estos pequeños paraísos!

Al tercer día nos mudamos más al norte, Ubud, porque las distancias para visitar esta parte en moto eran demasiado largas. Esperábamos encontrar verde por fin, y no lo encontramos. Entre eso, que el tráfico continuaba, que el taxista nos cobró otra vez un montón y que investigamos por internet y las mejores playas de la isla eran las que ya conocíamos, nos entró bajón. Ese día lloramos un poco, compramos vuelo a Bangkok, antes de lo previsto, y estuvimos planeando los 7 días que nos quedaban en Indonesia.

Al día siguiente, ayer, con pocas expectativas, nos dirigimos a visitar el volcán, Batur. A medio camino empezó a refrescar y nos alcanzó la negrura, llovió. Este trozo ya había sido más verde que lo que ya habíamos visto de Bali. Paramos en un lugar cualquiera a ver llover, filosofamos sobre la vida largo y tendido. La sensación de autenticidad volvió, Thanks God.
Cuando se despejó seguimos subiendo hacia nuestro destino.

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Gracias Batur, por darnos la sensación que buscábamos. Verde, silencio, fresquito, gente real, gente intentando vendernos cosas hasta en moto pero también niños jugando a fútbol entre vacas y cultivos de coles. Ya era hora. Al final ha sido uno de los ratos más auténticos de nuestro viaje hasta ahora.

En el camino de vuelta paramos en las terrazas de arroz, también mucho turista y listo cobrándote por aparcar en la calle, pero un paisaje que vale la pena .

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Para el día de hoy, un par de templos más. Goa Gajah, el primero. Un templo bastante bonito y al lado de un bosque que nos ha dado por investigar. Experiencia positiva. Esta vez hemos sorteado los cobradores de párquing.

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Después de esto, hemos visitado el templo más famoso de Bali: Tirta Empul. Es conocido por tener fuentes purificadoras donde la gente va a bañarse. Con el susto que nos llevamos con las otras visitas, teníamos miedo de agobiarnos de turistas, pero no ha sido tan grave.

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Me chiflan las esculturas que hay en estos templos y en todas partes, hay mucho movimiento de artesanía por estos lares.

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Como ya hemos leído y nos han dicho que las playas idílicas de Bali acabaron hace tiempo y en general no nos ha transmitido lo que buscábamos, hemos decidido mudarnos mañana a las Gili, unas islas que forman parte de Lombok. Vamos con una mezcla de miedo y esperanza… ¡Desearnos suerte!

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Singapur

Podría resumir nuestra visita a Singapur con dos cosas: circuito de Fórmula 1 y Marina Bay Sands.
Los viajes dependen de con quién los haces, y este es un claro ejemplo, Singapur fue para Xavi (y eso que yo me llevé).

Antes de contaros, decir que Singapur es como Mónaco, ciudad y país. Hace sólo 50 años que existe pero ha logrado estar ya entre los tres países con renta per capita más elevada. Pasaron por un régimen bastante duro al principio y ahora tienen leyes muy estrictas: pena de muerte por tráfico de drogas, no se puede fumar en casi ningún lugar, incluída la calle, no se pueden comer chicles, leyes extremas para que no hayan inmigrantes… La verdad, hemos debatido mucho sobre el tema… ¿Es justo que estos países tan ricos cierren sus puertas a los de fuera? ¿Es prohibir la única forma de hacer que algo funcione o de controlar? ¿Qué gana un país siendo tan rico, más rascacielos? ¿Son los rascacielos representativos de una ciudad con calidad de vida?
Yo sólo añado una cosa, al salir de Singapur (ya estamos en Bali), en el control del aeropuerto me quitaron las tijeras de las uñas y una espuma y un repelente de 120ml. Nos quejamos por las tijeras y el tipo nos dijo orgulloso que la seguridad en Singapur es de las mejores del mundo y que no había violencia. Cuál fue mi sorpresa al descubrir que la crema solar, de más de 150ml estaba fuera del neceser y no lo vió… Ahí lo dejo.

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Y escojo esta imagen para describiros otro resumen de nuestra visita a esta ciudad. Os lo explico ahora.

Normalmente hemos ido pagando entre 8 y 13€ por noche y habitación doble con lavabo y ventilador. La primera noche en Singapur la pasamos en un habitación compartida con 15 personas más y pagamos 24€.
Durante el día, visitamos un poco la ciudad y sobretodo parte del circuito de Fórmula 1.

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El segundo día y noche fueron los más pretenciosos del viaje y, posiblemente, de nuestra vida. Nos dimos un súper homenaje y pasamos el día en el hotel más caro de la ciudad: Marina Bay Sands.

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Para qué engañarnos, al hotel fuimos solamente por su piscina y por sus vistas.

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Para rematar, nos dimos unos paseos por el Casino  y… Hay que decir que los refranes no siempre funcionan porque también fuimos afortunados en el juego y sacamos unos cien eurillos. Además habían bebidas gratis, ¡nos pusimos finos! Como curiosidad: dejaban fumar dentro (para que no se te escape ni una partida). Toda un experiencia…

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Pero el lujo acaba pronto cuando uno es pobre. La tercera noche la pasamos en el aeropuerto. Para ahorrarnos unos eurillos en nuestro vuelo a Bali, cogimos el primer vuelo del día: 4.55am, y así también nos ahorrábamos un noche de hotel.
Ese día lo pasamos aprovechando el hotel hasta el último minuto y paseando por los alrededores. Justo en frente del hotel han hecho un parque con árboles artificiales con placas solares que recogen la energía para usarla en la iluminación de los jardines. Además de eso tienen un sistema creado que usan las ramas que caen de otros árboles de la ciudad, las queman y reutilizan los restos como abono. Y la energía que sale de esto la usan para crear vapor de agua para el invernadero…. blablabla… toda un historia muy interesante además de ser muy bonito de ver.

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La noche en el aeropuerto fue muy dura, así que el primer día en Bali lo pasamos durmiendo. ¿Qué nos depara esta isla de Indonesia?

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Kuala Lumpur y Malacca

Después de Penang fuimos a la capital, Kuala Lumpur, conocida por sus torres Petronas.

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Eso hicimos la primera noche: esperar al anochecer para ver cómo se iluminaban. No lo sabía pero al parecer fueron el edificio más alto hasta el 2004.

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Otra curiosidad es que cada torre fue construida por una empresa y competían para ver quién la acababa antes. Luego construyeron el puente que las unió. Con lo bonito que es eso, joder, ¿tenían que competir?
A parte de las Petronas, otra edificación que destaca por su altura en Kuala Lumpur es la torre Medara.

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Nos recordó mucho a la que hay en Berlin y luego descubrimos que hay muchas más altas por Asia, la mayoría en China. En vez de subir a las Petronas subimos a Medara para ver las torres desde allí. Una vez allí nos dió la impresión que ambas eran igual de altas y preguntamos. Pues las Petronas son sólo 4metros más altas, pero no se clasifican igual porque las torres son edificios con pisos debajo y Medara es sólo un torre.

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Visitamos algunos templos y mezquitas y las calles de la ciudad. Su plaza de la independencia, su propia “Times Square” con todas las marcas de lujo internacionales…

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Otra atracción turística muy conocida en la ciudad son las Batu Caves. Unas cuevas que descubrieron y convirtieron en templo hindú. Aunque parezca que vaya estar rodeado de naturaleza, se encuentra envuelta de ciudad.

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En general, se puede decir que Kuala Lumpur es una gran ciudad como podría ser cualquiera en Europa. Un montón de coches, autobuses abarrotados en hora punta, mucha polución… Me ha parecido desordenada, pero claro, comparado con el eixample… Cualquier ciudad lo es. Mientras que en Tailandia no veíamos gente viviendo en la calle, aquí hay montones.

De aquí fuimos a Melaka/Malacca (se puede escribir de las dos formas) una ciudad de la que no sabíamos mucho.
Resulta ser también patrimonio de la Unesco. A parte de la mezcla ya sabida de malayos, chinos e hindúes, quedan restos porque fueron colonias portuguesa, inglesa y holandesa. Incluso hay una iglesia llamada Francisco Xavier… ¿es posible?

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Además, Melaka tiene un bonito río que fue el más transitado del mundo en su pasado y que ahora da un aire distendido a la ciudad.

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Ayer íbamos de paseo y dos hombres que estaban sentados a la fresca nos empezaron a hablar. Uno italo-argentino, otro malayo, los dos de unos 60 años. El primero había pasado su vida viajando, llevaba unos 10 años
viniendo a Asia, y lleva ya año y medio esta última vez. Dice que ya está cansado, que a parte de su amigo malayo no conoce a nadie más y que cada vez es más difícil hablar con la gente y se siente solo. Además le encanta el cine y dice que aquí nadie sabe de películas, así que cogió al Xavi por banda dos horas. El hombre malayo estuvo 7 años viviendo en Londres (¡!) y hora viaja por Asia aunque dice que encantaría irse a vivir a Europa pero le da miedo no poder vivir allí, que ya no está para trotes.
El caso es que el argentino nos contó, en español para que el malayo no lo entendiera, que en realidad aquí los malayos son muy racistas. Los chinos llevan aquí 300 años y aún no les dejan estar en puestos públicos del país. Mucho menos a los hindúes, claro. Lo que no podemos ver como turistas…

Nunca te acostarás sin saber una cosa más. Y con esto y un bizcocho, mañana a Singapur.

Malasia podría ser opción para venirse a vivir por lo civilizado, porque tiene más variedad de comida rica… Pero, sinceramente, los tailandeses son más majos.

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Malasia, primeras impresiones

Nuestra primera parada en Malasia ha sido en Langkawi. Esta isla es la más cercana a la frontera con Tailandia por agua.
Las primeras impresiones que tuvimos el llegar fueron buenas, los malayos tienen una vida más civilizada. El puerto era un puerto en condiciones y los taxis tienen unas tarifas regladas. En el puerto mismo nos pusieron el segundo sello del viaje en el pasaporte.
Como la vida es así de caprichosa, resultó que una conocida de Xavi de Londres estaba esos días también allí con su pareja, así que pasamos los tres días con ellos. Un poquito de socialización no está mal.
El primer día subimos a un teleférico (Skycable) con una subida de vértigo a ver la isla desde las alturas (este tipo de cosas no las solemos hacer, según Xavi, porque soy una ratilla). Nos pilló una nube en todo lo alto, así que las vistas fueron justillas pero la experiencia estuvo bien.

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De aquí fuimos a una pequeña playa al lado de un lugar que ellos conocían para comer. Allí tuvimos nuestra primera experiencia “buffet malayo”, lo que hemos ido viendo que es común: te ponen en un plato como base arroz blanco y después tú escoges lo que quieras de un buffet variopinto. Te cobran un mínimo por el arroz y una cantidad por cada añadido.

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De ahí fuimos a una playa bonita (no tanto como las de Koh Lipe, claro). Lo que nos sorprendió es que estaba llena de locales bañándose, en Tailandia la mayoría eran turistas. Otra cosa sorprendente es que a la tarde empezaron a aparecer monos que rebuscaban en la basura sobras de comida. Al parecer es un animal muy común por aquí y danza a sus anchas por los parques. Si no tienes cuidado y vas con bolsas o botellas, o intentas darle comida o acercarte demasiado, se ponen un poco agresivos. Hemos tenido la suerte, y la precaución, y no nos ha pasado nada, pero Carmen y Mateo tuvieron un par de sustos .

El segundo día hicimos una excursión por la naturaleza. Cogimos una barco que nos llevó: a una míni piscifactoria flotante, a una cueva de murciélagos, a ver monos, serpientes, águilas y cangrejos que crecen en el “mangrove”, unos árboles que tienen sus raíces flotantes en el agua. No estuvo mal, aprendimos algunas cosas sobre la naturaleza autóctona.

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De ahí fuimos a otra playa cerca del hotel, nada del otro mundo.

Al tercer día nos pusimos camino a Penang, ya solos. Penang sigue siendo una isla pero tan cerca de tierra firme que se une a ella por dos puentes de 12 y 24km cada uno.
Mientras que Langkawi era súper verde, con muy poca zona realmente habitada, Penang es más ciudad y zona urbana y es muy conocida por tener la mejor oferta gastronómica de toda Malasia.
La ciudad de esta isla se llama Georgetown y está llena de arte callejero.

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Al ser isla también tiene playas, más pequeñas y de más difícil acceso. Pisamos una pero ni nos bañamos. Para variar un poco visitamos el jardín botánico, gratis y bien bonito.

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Una de las cosas que caracteriza Malasia es la mezcla tan bonita que tienen de culturas. Chinos, indios y malayos, budistas y musulmanes conviven en total armonía. Hemos estado visitando un templo budista escuchando las plegarias musulmanas de la mezquita de al lado. Aún tenemos mucho que aprender.

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Damos fe de la variedad de comida, ya hemos comido algo más que simple arroz y fídeos, y aún muy barato y en cualquier lugar.

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En general hay muchos menos perros callejeros que en Tailandia. Y, en principio, aquí se tendría que hablar mucho mejor inglés porque fueron colonia británica, aunque de eso ya hace unos años… En Georgetown tienen una torre del reloj en conmemoración a la reina Victoria.

He de decir que me ha gustado bastante esta ciudad y ha sido la primera vez que he sentido que podría quedarme a vivir. Me habían hablado mal de Malasia porque decían que es muy musulmana y a las mujeres les hacían sentir mal, quizás sea porque voy bien acompañada, pero de momento no ha sido el caso.

Sin más dilación, escribo desde el autobús camino a la capital, Kuala Lumpur. ¡Qué emoción!

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Últimos días en Tailandia

Lo más relevante de Koh Lanta es que llegamos a estar solos en esta playa:

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Luego apareció otra pareja y nos chafó la historia. Pero fue una sensación hermosa.
Por lo demás, esta isla es poco turística, lo que te da más visión de realidad: los tailandeses son gente tranquila y poco pretenciosa y tienen un país bien verde y bello.

De ahí aparecimos en Koh Lipe, una isla pequeñita. El barco atraca y aparecemos en una plataforma en medio del agua… Ojos como platos. Había que coger un taxi-barco sí o sí y pagar 200bahts para entrar porque la isla pertenece al Parque Nacional Tarutao. Juzguen ustedes mismos.

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Aunque la primera impresión fue de otra Koh Phi Phi mega prostituida, al paso de los días y los paseos cambiamos de opinión. Playas preciosas y muy poca gente. Se nota la temporada baja porque hay muchos bares y resorts cerrados.
De momento, mi lugar favorito.

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Hoy ha sido nuestro último día en Tailandia. Hoy hace un mes que empezamos este viaje. A selfie por día (más o menos) este es el resumen:

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Y además… ¡Hoy era el cumple del Xavi! Felicidadeeeeeeeeees! Ha habido vela y cumpleaños feliz 🙂 Vale, es muy bonito cumplir años en casa con todos que te quieren, pero, oye… Cumplir años en este paraíso no es para quejarse!

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Y para hacer una especie de resumen de Tailandia… Las cosas que más me han sorprendido:
– La cantidad de perros callejeros que hay, una barbaridad.
– Que se monten hasta 4 personas en una moto, y sin casco.
– Las moto-cocina/moto-taxi.
– El panzón de arroz y fideos que te das.
– Lo barato que es todo (nos hemos gastado unos 1700€ entre los dos… En un mes! Contando que hemos cogido miles de transportes, incluido avión.)
– La cantidad de transexuales que hay. Siendo un país pobre me ha sorprendido que estén tan bien integrados.
– Y los tailandeses son gente maja, la verdad, con una sonrisa siempre.

Mañana entramos a Malasia por mar, por Langkawi, otra isla. Dejamos el año 2559 tailandés para volver al 2016 internacional. Cambio de moneda y de idioma, ahora que ya dominábamos…

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Del Golfo a la costa Andamán

De vez en cuando vale la pena un alto en el camino y darse un homenaje. Eso es lo que hicimos en Koh Tao, aunque no fue a cosa hecha sino un poco por obligación… Cogimos un hotel de más calidad de la que hemos estado gastando: una cabañita bien apañada.

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Y en vez de coger la habitación un día y después de ver cómo era decidir si nos quedábamos más, la cogimos para tres días.

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Suerte que tenía su playa y su piscina y una comida de lujo (obviando la orquesta de grillos 24h, los lagartos en las ventanas y la rana que nos hacía de banda sonora cada noche).

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Nos vinieron a buscar al puerto con una furgo y cuando vimos dónde estaba metido el hotelito, vimos claro que la opción coger moto y visitar la isla era imposible por las pedazo de cuestas que había. Así que decidimos que Koh Tao lo veríamos desde ese rincón; pero lo disfrutamos mucho, relax máximo y un montón de peces en la playa.

Después de esos tres días, de nuevo 8h de viaje dirección a Krabi, más en concreto, a Ao Nang, la ciudad costera de Krabi. Esta ciudad es lugar de paso para ir a las islas de la costa sur de Tailandia, la costa Andamán. Y la isla donde nosotros nos dirigimos fue Koh Phi Phi.

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Isla conocida por sus aguas cristalinas y su blanca arena. Ha sido la primera vez que hemos tenido sensación total de estar en una isla. No hay carretera alguna, los taxis son barcos y si quieres ir por tierra, ha de ser un ratito a pie y otro caminando.

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Así que el primer contacto lo hicimos a pie hasta Long Beach.

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No era tan larga como esperábamos, pero sin duda la más larga de la isla. Y los caminos también fueron más recónditos de lo que esperábamos.

Al día siguiente hicimos lo que hasta ahora no habíamos hecho: una excursión organizada. Barquito, unas 12 personas, ruta organizada de las 13h hasta las 18.30h, comida en barco incluída. Paramos en una playa repleta de monos, monas y monitos salvajes. Luego hicimos snorkel. Increíble la cantidad de peces…

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De ahí fuimos a la famosa playa Maja, donde se grabó la peli de “La Playa” de Di Caprio. El acceso era realmente complicado.

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Pero la playa muy digna de ser vista.

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De ahí un rato más de baño libre y viaje vuelta. La verdad que aunque estuviese bastante lleno de gente (no queremos imaginar en temporada alta) disfrutamos mucho la excursión y la sal en la cara.
Koh Phi Phi en general está súper prostituida, no queda casi vida tailandesa real. Además nos hospedamos cerca de una playa que tiene fiesta cada noche… Qué pena lo que llegamos a hacer con el paraíso…

Hoy hemos hecho ruta a otra isla Koh Lanta. Tenemos visa en Tailandia hasta el 13 de Mayo osea que nuestros días en este país están llegando a su final…

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