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La cuenta atralante.

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Pasó la Navidad. Comimos carn d’olla y pandoro para Navidad y comimos 12 trozos de plátano el 31 a las 00h hora española al son de la Plaza del Sol y 12 uvas a las 00h americanas a la velocidad de los segundos de Times Square (no, no cometimos la locura de ir a Times Square, pasamos el fin de año de pisazo en pisazo con las mejores vistas de NYC y gratis, que os lo cuente Cris…).

Tener Cris aquí durante un par de semanas me permitió hacer de guiri por última vez.

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Tener a Cris aquí también me ayudó a no tirarme de los pelos las últimas semanas. Cuando el final se acerca aprietan las ganas.

Pero pasa una cosa curiosa, a medida que te acercas más y más al final, la sensación cambia y te entra un pánico de no volver aquí nunca más, de no volver a estar con esta gente y…. ¿qué pasará ahora?

Mañana a esta hora estaré sobrevolando el Atlántico de vuelta. No me lo puedo creer. ¿Ya ha pasado un año? Sabía que esto iba a pasar, aún y los malos momentos que he pasado, aún y los buenos y los mejores. No me he enamorado de EEUU ni mucho menos de los estadounidenses, la verdad. Es más, no sólo he conocido algo sobre EEUU, también sobre Brasil, Francia, Colombia, Suecia, Hungria, Italia. He aprendido muchas más cosas que inglés y cuidar niños, he aprendido recetas americanas, costumbres, lo que es vivir con un perro, vivir en medio de la nada, sin aceras, con bosques, lo que es vivir en NYC, lo falso que es que comprar aquí sea barato (bueno, vale, los outlets de marcas valen la pena; si te gustan las marcas). De mí…no sé si he aprendido mucho… He hecho el viaje de mi vida, ya lo sabéis. Y supongo que he cambiado, pero el cuánto ya lo comprobaréis vosotros mismos (lo primero que vais a reconocer es el pelo largo y los quilos que se acumulan por tener que ir a todas partes en coche, a parte de por comer comida llena de hormonas).

Me llevo un saquito de amigos, sobretodo, mi familia americana, con los que he compartido una despedida que yo he denominado “gitana” porque ha durado casi una semana. Se han derramado lágrimas varias.

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Y sin más que decir, porque el silencio es lo que más ha abundado en estas despedidas… Es muy difícil poner palabras a este sentimiento tan particular.

Aquí acaba esta historia y empieza otra. En unas horas acabará la cuenta atrás para dar paso a la cuenta adelante. No va a ser fácil, de nuevo, pero tengo más ganas que miedo.

¡Nos vemos en un rato!

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Acción de dar gracias.

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Pues el 28 de Noviembre fue Acción de Gracias (Thanksgiving para los amigos). ¿Pensábais que era algo religioso? Pues hay algunos engañados de aquí que lo celebran religiosamente cada año pero no de forma cristiana ni judía. El padre de la casa, Reid, nos explicó que la celebración viene de cuando peregrinos emigraron desde diversas partes de Europa hacia las Américas. Éstos, que no tenían nada cuando llegaron aquí, fueron mantenidos, alimentados, por los indígenas, y por eso se les da las gracias desde entonces. La versión religiosa dicen que los peregrinos huyeron porque eran perseguidos a causa de sus creencias religiosas. Algo así, oye, a quien le interese más el tema, que se lo pregunte a Internet, que lo sabe todo.

El tema consiste, básicamente, en juntarse mucha gente, contra más, mejor, y comer y beber, contra más, mejor. Nos reunimos 15 personas, 9 adultos y 6 niños, once de las cuales ya dormimos aquí el día de antes y volvimos a dormir la noche siguiente. Joanne empezó a cocinar una semana antes y el día en sí hizo el pavo. En el menú básico nunca puede faltar un pavo con su inseparable y megadelicioso “stuffin” (mejor aún tres días más tarde) , puré de patatas y tarta de calabaza, de postre. A parte de eso, mil cosas más.

La celebración es una cena temprana, así que si normalmente se cena a las 6pm, ese día se cena a las 4pm. Pero todo el día uno está entretenido con los preparativos e hicimos un pica pica de supervivencia porque no había tiempo ni espacio para comida del mediodía.

Además, se ve que es típico sentarse en el sofá a ver un partido de baseball y, que antes de comer, cada uno dé las gracias por algo. Estas dos últimas cosas no las hicimos en esta casa.

Pero, oigan, el tema que me corcierne es que mi padre y Pili han estado aquí dos semanas, incluyendo el día de Thanksgiving (a ver, papa, dilo tú. Muy bien, lección aprendida.) y es a ellos a quien les doy las gracias porque me han ayudado mucho, de forma práctica y también moral y afectiva (¡me he llevado más abrazos en una semana que en todo este año!).

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De todos es bien sabido que ser padre e hija nunca ha sido fácil. Es algo muy intenso y muy difícil en muchas ocasiones. Bueno, vale, quizás no es así para todosl, pero lo es en nuestro caso. Mi padre y yo siempre nos hemos querido mucho, mucho, pero nunca nos hemos comunicado demasiado. Falta de tiempo, miedo a hacer daño, miedo a lo desconocido, llámalo “x”. Uno nace, crece, aprende, pasan muchas cosas en la vida, todos lo sabéis, y llega un momento, SIEMPRE llega ese momento, en que uno se ilumina; no sé porqué, pero eso siempre suele pasar durante o después de un viaje. Pues nada, oye, que nos hemos regalado un tiempo muy bonito estos días, y nos hemos dado cuenta de que somos muy parecidos en muchas cosas: en el ansía de ver mundo y aprender, por ejemplo. Bueno, ya lo sabíamos, pero ahora más, “han pasado cosas”, que él dice.

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A parte de eso, que es lo que viene a ser más importante, estuvieron aquí en la casa una semanita, en la que cocinaron cena para toda la familia cada noche, y cada mañana yo los llevaba de paseo a conocer el área. Les pilló un frío de esos que aquí abundan, a -12ºC llegamos a estar. Después de eso, ellos se quedaron una semanita en NYC, en un apartamento en Greenpoint, y yo estuve con ellos unos tres días más en que les intenté llevar a tantos sitios como pude.

Pasa que cuando venís, me doy cuenta de lo que estoy haciendo y de lo mucho que he aprendido…. UAU (así, para resumir). Pero también de cuánto echo de menos muchas cosas que aquí son muy distintas: es un año intenso y he conocido bastante gente a la que aprecio mucho, pero no se puede comparar la familia de toda la vida y el trabajo de veintitantos años de exploración y selección de amistades a un año fugaz. He dicho.

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Hace sólo una semana que se fueron (aunque ya me parece una eternidad) y ya ha dado tiempo a una nevada del quinze. El martes hubo una buena tormenta de nieve y dan más nieve para mañana. La verdad, es bonita, pero molesta, y hace frío… Ya ni medias, dos pares de calcetines y mis botas de montañas son suficientes… Pero… ¡Ya sólo me queda un mes! (esto se merece un post aparte).

A parte de la nieve, ¡han llegado las luces de Navidad! (esto se merece otro post) ¿Qué sólo quedan 12 días para Navidad? (¡Y los mismo para que venga mi amiga Cris! :D) De verdad, antes de que me dé cuenta, estoy allí escribiendo lo que pasó en Navidad aquí… ¡qué fuerte!

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Halloween

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Mi última publicación era, en realidad, mi pesadilla de Halloween.
¿Que cómo es Halloween aquí? Pues la gente decora sus casas a lo loco, empiezan con calabazas por el otoño y después le añaden telarañas, calaberas, tumbas…

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Y el colegio también lo decoran, además de organizar una rúa alrededor del colegio con todos los niños disfrazados.

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Confirmo que el “trick or treat” no es cosa de películas. El problema de esta parte del pueblo es que no hay calles y las casas están muy separadas, así que un día hicieron un “trunk or treat”: una noche se fueron con los coches al párquing del colegio, decoraron los maleteros y se provinieron de quilos de caramelos y chocolatinas y disfrazados iban recogiendo chuches de los coches.

Otro día unos amigos de los padres organizaron una fiesta en su casa y fuimos con los niños, cada uno llevaba algo de comer y los niños corrían en el jardín. Al final de la velada se fueron por las calles (ahí sí que hay calles) a recoger caramelos casa por casa. Parece ser que alguna casa se lo curró bastante, pero en general, ponen dos cubos llenos de chuches en la entrada de la casa y los niños cogen. Hasta los policias que apatrullaban las calles iban parando y dando a los niños bolsas llenas.

En la gran ciudad, también hicieron una gran rúa, pero no pude ir porque trabajaba, pero durante el fin de semana aún había gente disfrazada por las calles.

 

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Oda a las madres y lo que sentí como madre postiza durante cinco días.

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Ser madre es muy duro.

Gracias mama por aguantar tanto, por soportar cada día todas las horas que estábamos en casa dando guerra, peleándonos y gritando, gracias por cocinar para nosotros cada día cosas tan elaboradas y después aguantar que no nos gustara, gracias por dejar de trabajar para dedicarte a nosotros, gracias por escucharnos. Gracias también por no comprar nunca un perro que ladra a las 6 de la mañana cada día. Lo siento cuando te culpé por recoger la mesa cuando le tocaba a mi hermano, o recoger su habitación.

Sí, a mí se me están quitando las ganas de ser madre.

Por si aún hay alguien a quien no le he explicado mi última aventura, ahí va:

Los padres se fueron cinco días de vacaciones al Caribe y yo me quedé sola con las peques (y también con 500$ más en la saca). Se fueron un jueves de madrugada, volvieron al martes siguiente, también de madrugada. Jueves bien. El sábado yo tenía clase en Manhattan así que el viernes noche una familia amigos suyos vinieron a dormir y pasar el sábado cuidando las niñas mientras yo iba a estudiar. Cuando llegaron el viernes, a las 22h, las niñas aún estaban despiertas e hiperactivas (normalmente antes de las 21.30h ya duermen o deberían). Esta familia, que tienen dos niños más, empezaron a hablar, encender la chimenea, olvidándose de abrir la salida de humos, humos por toda la casa… Yo me tenía que levantar a la 6am. Alrededor de las 11.20pm las niñas dormían, yo a las 12pm.

Clase. Quedé para tomar un té, a eso de las 14h, pero sin haber comido. El té sabía a café, o era café, aún así me lo tomé. En el tren comí lo que llevaba en mi tupper. Estaba cansada, pero también me empecé a sentir mareada y, más tarde, taquicardias. Cuando llegué a casa, a eso de las 4.45pm, la familia seguía en la casa, y aunque yo estaba deseando que se fueran, se quedaron a hacer cena. Se quedaron, entre otras cosas, porque el perro no estaba comiendo y estaba como cansado; estaban preocupados. Yo mareada y con taquicardias, el perro comiendo sólo cuando yo se la daba con cuchara.

Al final se fueron, a eso de las 7.30pm. Las niñas se ducharon, porque habían estado jugando en el jardín todo el día, revolcándose entre hojas caídas. Se duchan siempre que juegan fuera porque corren por estos lares un tipo de garrapata que lleva un tipo de enfermedad que afecta el sistema nervioso. Pues bien, en estos 5 meses no había pasado pero… Dewey encontró un bicho en su ombligo que yo saqué tirando varias veces con todas mis fuerzas. Yo mareada, nerviosa, cansada, el perro raro, una posible garrapata. Pánico. Mi cabeza empezó a trabajar más de lo que debiera. Empecé a leer todo sobre los síntomas de la garrapata (que casualmente varios coincidían con mi estado). Me fui a dormir mandándome mensajes positivos al cerebro para serenarme. Me desperté cada hora, preocupada que a Dewey le entrara fiebre, me llamara y no me enterara. A la mañana siguiente, después de una hora tras la peque intentando que me enseñara su ombligo para ver si le había salido la “famosa mancha” del bocado de garrapata, me la enseñó y no vi nada raro, aún así, las engañé y las llevé a una farmacia para preguntar. Allí, este hombre farmaceútico, en vez de calmarme, me miró con cara de pánico y me dijo: “Llévala al médico”. Domingo. Me dieron la dirección de un médico de urgencias y allí fuimos usando mi intuición, porque el gps no lo encontré. Pedí visita para ella y, un poco más tarde, también para mí. Ella no tenía nada, si no hay mancha ni fiebre, no hay nada de qué preocuparse. Y yo… después de esperar tanto, y estando segura de que solamente estaba resfriada y nerviosa, decidí cancelar la visita. Fuimos al cine. Y estando allí, comiendo unos saludables tacos con queso, sentí algo raro en la mandíbula. Una de las consecuencias que había leído sobre La Enfermedad, era parálisis facial. La mente es inmensamente poderosa, coño. ¡Empecé a sentir que se me paralizaba! Rayada máxima, pero tenía que ir con las niñas a casa, cenar, hacer deberes… Ya no sentí más lo de la cara, dormí…

En algún momento pensé que se me iba la cabeza, que me daba un delirio o algo…. Por suerte el martes tuve el día libre y quedé con una amiga para hablar, y me fui a pasear por la playa, y dormir, y dormir.

El miércoles la niña se estaba cagando y vomitando, por suerte sólo le duró la mañana, pero ahí estuve yo todo el día encerrada en casa con ella de nuevo.

Conclusión: soy muy buena madre, pero tener niños es mucha responsibilidad muy grande, sobretodo si no son tuyos, y consume mucha energía.

Después de esa aventura, mi estado nervioso se ha quedado en un nivel un poco más alto del que estaba y las niñas me sacan de quicio más de lo que antes hacían y los fines de semana se me quedan cada vez más cortos. Y es que a mí eso de tener que decir 10 veces que hagan 1 cosa, me desquicia; que encima les esté diciendo que lo hagan y se pongan a gritar, sonriendo, saltando, subiéndose al mármol, maltratando al perro, sabiendo que yo no puedo hacer nada para pararlas, porque les comenzaría a dar hostias, y lo saben, pero saben que no puedo poque me echarían, me desquicia el triple. Si a todo esto le sumas que su máximo nivel de hiperactividad ocurre siempre justo a la hora de cenar, cuando queda poco rato para que los padres lleguen y sabiendo que ellos esperan encontrarlas cenadas, recogidas y en pijama… No tengo palabras porque se me han acumulado todas en la sien.

Creo que debería volver a hacer Body Comat para rebajar mi nivel de ansiedad…

De Yosemite a Las Vegas pasando por Death Valley

Ojalá el viaje hubiera durado tanto como la historia… Un mes después os relato el último día de mi increible pero indudablemente corta exploración.

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Después de despertarme, desayunar, recoger y darme una buena ducha en Housekeeping Camp de nuevo, me puse en camino hacia la salida del parque. Por el camino pude disfrutar de las preciosas vistas de Tioga Road que la primera noche no pude apreciar más que en reflejos de la Luna.

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Esta vez decidí volver a Las Vegas por otra carretera, y en el mapa vi que podía cruzar Death Valley por una “scenic road”. Mi avión salía a las 1am de la madrugada del domingo, así que tenía todo el día y, esta vez, no me iba a perder ni pinchar ninguna rueda.

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Por la carretera, bandadas de motoristas, carreteras en adopción y… Esta vez sí, el desierto.

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Por supuesto esta foto me la hice sola y sin más espectadores que los que veis. Iba por esa desértica carretera y vi un pequeño muro con espacio para aparcar. Me paré, aparqué, puse la cámara en el muro con el automático, corrí, salté, reí y me retraté. Qué bien se queda una….

Varias millas adelante, me adentré en el parque nacional Death Valley.

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No llegué a entrar ni pagar la entrada del parque, simplemente crucé el valle. Luego me enteré que el nombre del parque se debe a que allí se encuentra un lago que durante el verano no existe porque se evapora. Señores, no me extraña, salí a hacer un par de fotos y el viento quemaba. Fijaros si hacía calor que me dió un apretón pero al ir a uno de esos lavabos-casetas que te encuentras por el camino, entrar y sentir que me podía asfixiar allí dentro, respiré hondo y me volví a meter en el coche prometiéndome no volver a salir.

Después de dos horas curzando la inacabable carretera, y cuando empezó a anochecer, algo me empezó a inundar los pensamientos. ¿Recordáis mi amigo el hornillo, no? Pues una de las latas se había acabado pero la otra no. Estaba claro que no podía llevar eso en el avión y no me había atrevido a abrir la lata en el bosque y dejar escampar el gas. Mi siguiente parada era el hotel donde recogí el coche para volverlo a dejar. Se me pasaba por la cabeza dejar el marrón al siguiente cliente o al supuesto trabajador que iba a inspeccionar/limpiar el coche antes del próximo conductor. Pero me sabía mal. La otra opción que se me pasaba por la cabeza era dejarla cerca de un container, pero en mi cabeza se creaba la imagen de un periódico y la televisión anunciando una explosión la noche del 17 de Agosto en Las Vegas. Otra, era abrir la lata en medio del párquing del hotel.. ¡oh, horror! ¿Todos estos coches con gas en sus interiores? A parte de la lata, tenía la almohada de mi querido hotel. Y se me pasó por la cabeza ir al hotel al cual pertenecía y dejarla en la puerta de la habitación o ir a recepción y decir “no sé cómo, pero me la encontré en mi coche el día que dejé el hotel”….

– “Hola, ¿qué tal?” – Todo esto en inglés. – ” Te voy a hacer una pregunta que no tiene nada que ver pero… Tengo esta lata de gas, y tengo que coger un avión en unas horas y no sé qué hacer… ¿se te ocurre algo?”.

Así que la mujer de recepción del hotel muy felizmente se quedó con la lata pensando que ya tenía con qué cocinar esa noche en su habitación (“señora, esto hay que usarlo en espacios cerrados”, pensé para mis adentros).

La almohada se quedó en el maletero.

Mi idea para ir al aeropuerto era coger un par de buses, pero esta mujer, que en alquel momento era una de las mujeres más felices del universo (tanto como la aliviada de mí), me dejó el teléfono del hotel para pedir un shuttle que me llevaría directamente al aeropuerto en 10mins, recogiéndome allí mismo, y dos horas antes de mi vuelo; todo esto sin ser clienta del hotel… ¡Viva la lata de gas!

En este rato de 3horas tuve tiempo de vivir un poco más el sin sentido de Las Vegas… Chinas con trajes de piedras y hombreras que llegaban a la punta de las orejas y chinos trajeados saliendo del hotel y cogiendo coches en dirección a saber qué casino. En el aeropuerto, después de pagar 9$ por un bocata por no morir de inanición, decidí jugar un dollar en las máquinas tragaperras de la puerta de embarque (me extraña que no las pusieran también en los lavabos). Sin saber siquiera en qué botón apretar, ahí se quedó mi pequeño tripulante de papel.

Después, muchos cabezazos entre nubes, un bus, un tren y un coche y de vuelta a una casa, que no era mía, repleta de gente….

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Yosemite II

(El tiempo se me va de las manos)

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El segundo día en Yosemite, me aventuré a cocinar aún sabiendo de los osos y me desayuné unas judías; el día se presentaba de caminatas. Me dirigí en coche a Mariposa Grove, a una hora desde mi tienda, a ver las sequoyas gigantes.

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Llegué a eso de las 9 de la mañana, con mi mochila y todo mi material y me puse a caminar con toda mi tranquilidad.

Fue un día caluroso. La verdad, las sequoyas son bonitas, pero me esperaba algo más espectacular. Los árboles más grandes estaban caídos o/y muertos y uno de ellos años atrás era un túnel por donde cruzaban carros pero ahora está “cerrado”. Un poco chasco….

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Subí hasta arriba de la montaña, me comí mi merecido bocata y me bajé. Por el camino me crucé con unos españoles y estuve hablando con ellos hasta que llegamos al párquing de nuevo, a eso de la 1pm.

Había leído en el periódico del parque que a las 5pm había un pianista en un hotel cerca de allí, así que mi idea era quedarme por allí y, además, leí que de 2 a 5pm había algún tipo de show justo a lado del hotel, en el Pioneer Yosemite History Center.

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Este museo dispone de varias casas/cabañas que representan las típicas que antes se veían por eso lares. Además, tenían una cuadra con caballos que podías montar para darte un paseo. El espectáculo pareció ser en una mini-cabaña con un herrero; y digo pareció, porque al ver dónde era, no me atrajo y abandoné el plan. Lo abandoné no sólo porque no me convencía, he de confesar, sino porque había un bonito río esperándome justo al lado….

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Intenté echarme una siesta con mis pies remojados, pero cuando encontré el sito perfecto, con la sombra perfecta, y me tumbé, un perro, empapado de agua se empezó a acercar peligrosamente y aún con los gritos de sus dueños siguió directo camino a romper mi paz. Así que al rato abandoné el plan en busca de uno nuevo.

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Me dirigí al hotel, en Wawona, y encontré esas magníficas butacas en ese estupendo césped…. y ahí me eché la siesta. A las 5pm estaba yo en la butaca esperando al pianista; yo y yo misma, ¡tuve un concierto privado! La verdad es que alguna que otra vez se hacía la picha un lío con las notas, pero las canciones eran preciosas… Vale, alguna lagrimilla se me volvió a escapar. (Tengo un vídeo demostración pero WordPress no me deja subirlo).

Después de una horita escuchándolo (¡iba a estar 5horas tocando!), me volví a mi tienda porque en mi ocupada agenda del día, tenía apuntado un Campfire en mi campamento a eso de las 8pm y tenía que cenar algo antes.

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Este ranger nos estuvo hablando de la vida salvaje, de cómo prepararse si te quieres aventurar a explorar un lugar que aún no está modificado por el ser humano. Un poco obvio todo, aún así, bonito el fuego con el cielo en proceso de oscurecer.

 

 

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Yosemite

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A eso de las 5.30am cuando abrí los ojos ya era de día y esas fueron mis vistas, increíbles, ¿no?

Aún cansada, estaba bastante despierta para ponerme a montar mi tienda.

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Y darme una vuelta por el campamento, Crane Flat, entre otras cosas para hacer el check-in. Y esto es lo que encontré:

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Carteles por todas partes alertándote sobre los animales de la zona (osos y un tipo de león-tigre) y las prevenciones que debías tomar para evitar incidentes entre tú y ellos. Además, cada plaza tenía un armario con un cierre especial para que pusieras tu comida, o todo lo que hubiera tocado o contenido comida, y cualquier producto oloroso. Esto era porque dicen que los osos tienen un olfato muy fino y son muy curiosos y si dejabas esas cosas en tu tienda o en tu coche, te los podrían destrozar. También los containers tienen un cierre especial. En el caso de que estuvieras cocinando, te pedían que tuvieras la comida al alcance de la mano. Y en el caso de que apareciera un oso, te aconsejaban gritar a pleno pulmón y, si tenías la suerte de ir con alguien, poneros juntos para ocupar más, si no tenías esa suerte, abrir la chaqueta que llevaras puesta o lo que fuera para parecer más gande. Decían que si los osos comían comida de humanos, se volvían más agresivos y entonces había que matarlos.

En el caso del tigre-león, aconsejaban no hacer rutas solo y mantener a los peques cerca tuyo. Si te lo encontraras, gritar y ocupar.

Yo, qué queréis que os diga, escuchaba gente gritando y disparos por todas partes. Así que cada vez que me estaba muriendo de hambre y me disponía a cocinar, y miraba a mi alrededor y en el campamento no había mucha gente, me cogía un trozo de pan con crema de cacao y una manzana y me empaqueteba un par de barritas de cereales y pensaba: “por la noche que hay más gente por aquí, ceno”.

Así que sin haber casi cenado, casi sin desayunar, sin haber casi dormido, me puse en camino a explorar el parque. No sin antes tomarme una ducha… La más próxima estaba a media hora en coche, en Yosemite Valley. Ésta es una de las zonas con más turistas, porque está cerca de varios cámpings y hay un shuttle que te hace el recorrido por las cascadas y el lago y la zona comercial (ruta que se puede hacer fácilmente a pie).

Las duchas estaban en Housekeeping Camp, un campamento muy apañado, sin tiendas pero con cabañas y al lado de un río; un paraje precioso.

Después de las duchas, saqué mi mini picnic y comí en plan: “Oso, ven si tienes huevos”.

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La entrada del valle también es preciosa.

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Lo malo de ir en verano a este parque es que esta todo seco, además de que el estado está en sequía. Ahora mismo y desde hace varios días hay un mega incendio por el norte del parque… 😦

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Como empecé a andar tan tarde, hacía mucha calor, mucha calor. Y entre que estaba todo seco y lo cansada que estaba, a la que vi el río me paré, me quité mis botas y me eché una buena siesta tirada en las piedras, a la sombra y con mis pies fresquitos.

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Una vez refrescada y siesteada, tomé el shuttle y después de bajarme en Mirror Lake y sabiendo que iba a estar seco, me volví al párquing a coger mi coche, pensando visitar Merced Grove of the Giant Sequoia.

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El Big Oak Flat, que era la ruta que te llevaba a esa sequoia gigante pero muerta, pertenecía a una ruta histórica donde los antiguos habitantes del bosque pasaban con sus carros y sus bigotes al viento.

Después de ver la un-poco-decepcionante-sequioia muerta, me volví a mi tienda, a “cenar”.  Intenté hacerme algo de cenar, sin mucho éxito (no hay pruebas gráficas de este hecho). Había comprado una sopita de fídeos que tenía bastante buena pinta, pero entre el miedo a los osos, que la cocinita no estaba funcionando muy bien y que tenía prisa, calenté un poco el agua y cuando se me apagó el fuego, metí los fideos con el concentrado-estupendo-al-estilo-avecrem en el agua, lo diluí como pude y me lo bebí con miedo de ponerme mala.

A las 7pm en un campamento a 10minutos en coche, hacían una mini excursión a un prado, Hodgdon Meadow. Fue muy interesante. Esta vez el ranger, muy majete por cierto :D, nos hizo reflexionar sobre la importancia de éstos: muchos pájaros hacen su vida allí, habían encontrado especies de pájaros que volaban desde Canadá allí cada temporada; muchas clases de plantas crecen en esos húmedos espacios, habían descubierto una nueva especie allí. Nos dijo que ese prado estaba allí seguramente mucho antes de la existencia del parque y que se esperaba que siguiera muchos más años después, aunque con el calentamiento global se temía que pudiera desaparecer, ya que si esa tierra se seca, los árboles podrían empezar a invadir esa zona.

Ese día había estado un poco de mal humor por el día anterior,  por la calor y el cansancio, pero los paseos, el fresco de la tarde y la exploración del prado con el apuesto ranger, me ayudaron a dormir como un angelito.

[To be continued]

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Una piedra en el camino.

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La cuarta mañana de mi viaje, después de mi desayuno incluido en el barato pero lujoso hotel, y de las compras de provisiones alimenticias, me puse de nuevo en carretera con unas 7 (supuestas) horas de camino.

Desierto, pueblos a una distancia de una hora, gasolineras a modo de oasis, áreas de descanso cachondas, tramos de carretera que tienes que encender las luces del coche para, cuando quieras adelantar,  poder distinguir si el coche que ves en la distancia está viniendo o yendo.

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A partir de aquí, no tengo más fotos de este día y todo se debe al título de este post: una piedra en el camino.

Primero, en medio del desierto, no funciona la radio. Se me había olvidado comprar cds, así que iba yo misma con mis pensamientos. Pues iba yo tan entretenida conmigo misma que pasé por una señal sin fijarme mucho y me dije “Uy, ¿tengo que girar en la próxima salida?”. Imaginaros una carretera muuuuuuuy larga, de un carril en cada sentido, nada más que desierto alrededor y coches yendo y viniendo. Nada más. La “salida” era una carretera/camino y me dije “no creo que sea ahí, más adelante si veo que la salida no viene, me doy la vuelta”. Lo que pasó más adelante fue que iba un coche delante mío, a unos 5 metros, y yo y mi mi*rda de tiempo de reacción no fuimos los suficientemente rápidas para ver y esquivar un objeto no identificado que había en medio del carril, así que pasé por encima de él. Un calor repentino me subió de los pies a la cabeza, toda la actividad creativa se paró por unos minutos esperando escuchar o sentir como la rueda se petaba y me quedaba tirada en medio de ese maravilloso paraje. Por el contrario, el coche siguió rodando sin problemas, así que retomé mi tranquilidad, olvidándome, por cierto, de aquella señal.

Después de varios kilómetros y alrededor de una o dos horas de viaje (pierdes la noción del tiempo) por esa carretera tan agradecida, me paré a descansar en una gasolinera con MdDonals esperando tener wifi, sin suerte. Y con menos suerte aún, después de 30minutos de descanso y preparada para seguir alejándome de mi destino, retomé la conducción unos 100metros y fue entonces cuando la rueda dijo “nanai de la China”, vaya, que estaba petada.

Volví a la gasolinera y unos tíos se me quedaron mirando, apuntando a mi rueda y yo salí y dije “¿qué puedo hacer?”. Tenían toda la pinta de saber de coches y se ofrecieron a ayudarme. Después de sacar todo mi arsenal de comida y de material para cocinar del maletero, con maleta incluída y que fliparan diciendo “¿Nos vas a matar?”, me montaron la rueda auxiliar. Pero, como os podéis imaginar, con esa rueda no podía conducir las 4 supuestas horas que me quedaban, estar en Yosemite y volver a Las Vegas; obvio. Así que me dijeron que había un mecánico en el pueblo… Estaba cerrado. Con el sudor frío recorriendo mi cuerpo, me puse en camino al siguiente pueblo. Mismo tipo de carretera una hora más a una velocidad considerablemente más baja. Llego, pregunto en la primera tienda (de diez que había en total) y me dicen que garajes en el siguiente pueblo, a unas 40millas.

Había contratado un seguro, pero en ese momento prefería arreglar el problema y después llamar o lo que fuese. Siguiente pueblo, por suerte más grande. Pregunto. Me dicen que hay un sitio que se dedica a ruedas, bien. Voy al primer sitio y me dice que él hace camiones, me manda a otro. En éste, me miraron la rueda petada: imposible recuperarla. No tenían ruedas de las mías. Eran las 5pm, a las 6pm cierran los comercios y a las 7.30pm se empieza a hacer de noche y yo pretendía llegar al cámping de día para montar mi tienda. Me preguntaron hacia dónde iba y cuando les dije a Yosemite me dijo “Vale, entonces tienes que ir hacia el norte”, y llamaron a un mecánico en el pueblo siguiente en esa dirección. Ese cerraba a las 6pm y no me daba tiempo de llegar pero me dijeron que en Wallmart tendrían y que cerraba mucho más tarde. Wallmart aquí es un tipo Carrefour de allí.

Total, echa polvo, llego al último pueblo, Fallon. Llego a Wallmart y me dicen que tienen dos tipos, que cuesta 130$ y que en máximo una hora lo tienen. En la espera, en la que hubiese dado algo por echarme una siesta, me dió por mirar el mapa, entonces fue cuando descubrí que, aquella señal que me pareció ver, era la correcta. La buena notícia era que no estaba taaaaan lejos del parque, a unas dos o tres horas, tenía que volver al último pueblo y tomar dirección California. Se me pasó la cabeza la opción de buscar algo para dormir en Fallon, pero sólo de pensar que perdería el día siguiente…

A parte de eso, me compré tres cd’s para amenizar el camino: Norah Jones, Creedence Clearwater y Ray Charles por 17$.

Total, que una vez todo preparado y llenado el depósito de gasolina (que me acordé cuando ya estaba saliendo del pueblo otra vez) y sin haberme acordado de cenar, me puse otra vez en camino. Todo el rato me decía “en el siguiente pueblo te paras y descansas y comes algo”. Pero llegaba al pueblo y era tan corto que entre mi tiempo de reacción de mi*rda y las ganas que tenían de llegar pensaba “va, un poco más”. En ese estado, por el mismo tipo de carretera pero esta vez todo muy oscuro y con tres cds, estuve 2horas. Cuando ya estaba en plan “duermo en el coche en cualquier sitio” vi un cartel anunciando el parque en pocas millas. “Venga va, que ya estás”. Eran alrededor de las 10.30pm.

Entré al parque sin pagar porque, evidentemente, a esas horas ya no había nadie trabajando. Y a la entrada vi anunciada la zona de mi cámping a unas 42 millas, lo que hasta ahora había supuesto 30minutos. Cuando llevaba 40minutos y no veía más carteles me dije “Claro, con estas curvas a 40mph, evidentemente tardarás el doble, osea, una hora.” Cuando llevaba más de una hora vi una gasolinera con el nombre de mi cámping así que me dije “Bien, estás cerca, por fin”. Entonces me empecé a hacer la picha un lío. Claro, mapa del parque no tenía porque no había nadie en la puerta para dármelo y en ese estado no se me ocurrió que en la entrada debían tener. Así que iba con mi fantástico mapa de carreteras que no era suficiente. Cuando estaba hasta los mismísimos (ya no tenía ni sueño), me crucé con unos saliendo de su coche en medio de la oscuridad y les pregunté. Me dieron unas indicaciones que no fueron lo suficientemente buenas. Acabé en otra entrada/salida del parque. Me bajé, fui al lavabo, me comí algo y cogí un mapa. Creo (ya no me acuerdo muy bien) que esta vez llegué.

A la entrada de mi cámping habían dejado una lista de los “late arrivals”, los tardones, vaya. Eran la 1am. Todo el mundo dormía. No había luces. Cogí mi almohada prestada, mi saco de dormir y me dije “Ya me despertará la luz de aquí a unas cinco horas.”

[To be continued…]

PD: Estoy tardando mucho en explicarlo porque lleva tiempo, más del que dispongo.

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Grand Canyon, segundo día.

El despertador volvió a sonar cerca de las 6am. Esta vez tocaba desmontar la tienda. El plan del día era visitar la parte este del South Rim, esta vez con el coche a cuestas, y volver a Las Vegas a dormir.

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Tenía pensado caminar un poco más, tuve tiempo de darme otra caminata de dos horillas o más, perdí la cuenta. No había estudiado mucho las rutas que se podían hacer en esa parte, pero sabía que había varias. Primera parada South Kaibab Trailhead que te llevaba a Yaki Point, que para mi sorpresa resultó ser una caminata dirección al río.

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Por supuesto iba de nuevo preparada con mi mochilón, menos de un galón de agua (comprobé que era demasiado peso para el agua que realmente necesitaba), mi comida y mi crema solar.

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Y con visera de “person” que me regaló mi antigua host-family que, por cierto, fue bastante inútil en esta ruta porque a esa hora había sombra casi todo el rato. Estuve bajando un poco más de media hora esperando tardar casi el doble para subir (las subidas no son lo mío). Además con los avisos que te ponen en el camino y en la web… yo me cagaba.

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Realmente subir fue más duro.

Después de aquí, me paré en algunos puntos más a ver las vistas y acabé en Desert View, que es el final del lado este, donde hay una torre con unas vistas….

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Desde aquí salí del parque. Había entrado por Williams, pero salí por el lado de Flagstaff, para curiosear un poco más aunque eso supusiera casi una hora más de coche. Los paisajes otra vez volvieron a sorprenderme, tanto como las paradas de “indígenas” vendiendo joyería india. La verdad, por allí tenías la sensación de que algún momento te iba a salir un indio con flechas por detrás de la colina.

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De aquí, una parada en un McDonalds con wifi (sin hamburguesa) en Flasgtaff para avisar a la familia y amigos que seguía viva después de dos días sin conexión, y a Las Vegas de nuevo. Como al día siguiente cogía carretera dirección a Yosemite, y eso suponía unas 7horas, esa noche había cogido una habitación en un hotel que me había costado lo mismo que me costó el hostel, pero con la diferencia que tenía una habitación para mí sola. Y, la verdad, la habitación superó con creces mis expectativas: cama para cuatro personas mínimo, ducha, geles, toallas, wifi y desayuno incluído! Hasta que no volví a ver la cuenta al salir del hotel, no me podía creer el precio: 20$ (más tasas unos 26$).

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Voy a hacerle un poco de publicidad al hotel porque se lo vale. Hay que decir que era Hotel-Casino, como todo en Las Vegas, y que era el típico que sale en las películas donde asesinan a gente porque todas las puertas dan a la calle…. Pero no, nada raro me pasó. Es más…. tomé prestada una almohada para mis tres siguientes noches de cámping y nadie se dió cuenta.

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Grand Canyon

Voy a dar un paso atrás en la historia, para mostraros lo que vi entre Las Vegas y el Grand Canyon.

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Es cierto eso de que Las Vegas está en medio de la NADA. Me esperaba otro tipo de desierto, pero es realmente bastante desértico. Lo más curioso es que cuando te vas acercando al Grand Canyon, ¡hay árboles!

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El Grand Canyon se divide en dos partes, sur y norte. La parte sur suele ser la más visitada, y es la que yo hice. La verdad, hay mucho turista poco preparado que va para un día o que duerme en los hoteles o cabañas-fashion y he de decir que en plan “voy lo veo y me vuelvo”, es posible. Además el camino es bastante fácil si haces lo más básico y hay autobuses que te llevan directamente a algunos puntos. Yo, ya sabéis que me cargué con mochila, un galón de agua, comida, barritas de frutos secos y, por supuesto, mi cámara.

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(Nota: todas las fotos me las he hecho yo haciendo uso del disparo automático cuando era necesario).

Total, que el primer día me puse el despertador a las 5.30am, me hice mi primer desayuno-comida y estuve esperando a ver si mis vecinos se levantaban porque me habían dicho de caminar juntos ese día.

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Sí, por la madrugadas/mañanas/noches hacía frío, pero a medida que iba saliendo el sol me iba quitando capas.

Total, que mis vecinos no se despertaron y les dejé una nota y me fui. Y, la verdad, mejor, porque estos venían con chanclas y a lo loco, y no era mi plan. Empecé por donde vimos anochecer, que forma parte de la ruta de South Rim y estuve andando unas 3horas. Cuando vi que el calor empezaba a apretar, en Hopi Point, decidí coger uno de los shuttles que te hacía el recorrido de Hermit Road, cerrada al resto del tráfico. Y estas son algunas de las maravillas que vi….

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Lo más interesante es que cada vista es distinta.

Al llegar al final del recorrido, Hermit Rest, me senté a comer a la sombra de un árbol. Mi idea primera era andar un poco más en otra ruta que hay al final, pero cuando miré de qué se trataba… Era bajar hacia el río… ¿Habéis visto lo hondo que es eso, no? Y a esas horas con esa calor… Sensatez y sentido común. Lo mejor a esas horas es buscarse una sombra y estarse quietecito. Y esas horas son entre las 10am y las 4pm, dicen los expertos.

Así que cogí el bus otra vez (dando cabezazos de lo cansada que estaba), caminé hasta mi tienda, descansé, me duché (2$ en monedas de 25céntimos por 8minutos de ducha a 10minutos andando de mi tienda), me di unos paseos por la zona “comercial” y cené. Ah, se me olvidaba, llegando a mi tienda vi un reno.

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Para rematar la velada, me fui en busca de un buen lugar para ver anochecer, esta vez como Dios manda y… os voy a confesar que más de una lagrimilla de emoción se me cayó (os lo dije).

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De camino a la tienda, hay un anfiteatro al aire libre en el que cada noche un “Ranger” explica algo interesante sobre el parque. Esa noche tocó “las cuevas del Grand Canyon” y el hombre nos estuvo explicando la importancia de éstas para saber cosas sobre la Tierra, sobre la antigüedad del parque, de los animales que vivieron allí y también de las personas. Algo muy interesante que nos dijo es que cuando se ponen a explorar esas cuevas por primera vez, no saben qué se van a encontrar ni en qué condiciones y que a veces pasan por agujeros que nunca imaginarías que podrías pasar, las medidas son: un palmo para medir la altura (medida de la mandíbula) y dos palmos para medir la anchura (medida de las caderas).

Y el lema de los rangers para preservar la naturaleza virgen es: “Leave nothing but footprints. Take nothing but photos. Kill nothing but time. Keep nothing but memories”; en español: “Deja nada más que huellas. Llévate solamente fotos. Mata nada más que tiempo. Quédate sólo con recuerdos.”.

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