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Consciente 2017

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En escasos días nos brindamos una nueva oportunidad para comenzar.

Quería escribir esta revisión anual, como viene siendo costumbre, y quería estar contenta para hacerlo, pero no puedo. La verdad es que hace unos días que estoy triste. Estoy triste con la vida, con el planeta, con lo que hemos hecho con todo esto que nos rodea.

Puedo hablar del mundo: de los políticos que elegimos, de las decisiones políticas que dejamos que pasen, de las personas que llegamos a hacer famosas, de los programas de televisión que tienen más telespectadores, de lo que elegimos para invertir nuestro tiempo, de lo que decidimos vestir, de lo que decidimos escuchar, de lo que decidimos creer, de lo que decidimos comer, de lo que decidimos hacerles a los que nos rodean e incluso a los que queremos. (Y un largo etcétera.)

Puedo hablar de lo personal: de decidir ir a buscar por el mundo la verdad en vez de en los periódicos o en las nuevas tecnologías y de lo que eso me va devolviendo.

Hoy (26 de diciembre, festivo en mi comunidad) igual que ayer, me encuentro trabajando. ¿Debería estar contenta? Tengo trabajo, lo cual me va a permitir tener dinero, lo cual me va a permitir adquirir y hacer cosas que ahora no tengo o que aún no he hecho. ¿Es eso lo que queremos? ¿Es eso lo que quiero?

Ahí fuera, detrás de las cristaleras que ahora me rodean, más allá de esta ciudad, más allá de esta comunidad y este país e incluso este continente hay cosas y pasan cosas que no hemos visto con nuestros ojos y nadie quiere explicarnos. A parte de toda esa gente que sale en los periódicos y revistas que tengo aquí detrás hay millones de personas que son y hacen cosas mucho mejores y mucho peores de las que se explican ahí. No todo lo que hay que saber nos lo explican en la escuela ni incluso en la universidad, ni aún nuestros padres ni abuelos serán capaces de enseñárnoslo porque ellos tampoco lo saben. Hay cosas que existieron y ya no, hay cosas que existirán pero no aún.

Es tan basto esto que llamamos planeta, esto que llamamos humanidad, esto que llamamos vida, que me parece ridículo que sólo haya una forma de vivirla.

La primera semana de trabajo me dolió el cuerpo dos días y 3 la cabeza, después ya me he ido adaptando. Estuve a punto de ir al oculista a que me revisara la vista y a apuntarme a un gimnasio para que mi cuerpo se mantenga activo… Hasta entonces todo había estado bien. De verdad, ¿es todo esto necesario?

Más que triste, estoy confusa. No entiendo nada, cada vez lo entiendo menos. Y cada vez me parece más dificil la solución. La resignación no es la solución pero es tan cansado andar luchando a casa paso…

A nuestro 2017 sólo se me ocurre pedirle que nos haga más conscientes y más consecuentes.

Otra historia más que contar

Dicen que viajar te hace pensar, cambiar, crecer.

Sin duda, contra más largo es un viaje, más tiempo tiene uno de pensar. Porque, no nos engañemos, uno no está todo el tiempo arriba y abajo haciendo cosas, mucho tiempo es “muerto”.

Ya se sabe que, además, no es lo mismo ir a Francia, que a Turquía, que a China. La distancia aumenta la diferencia cultural (aunque con tanto movimiento y globalización, cada vez menos). Y si uno viaja como dice Xavi: “Viajar no es visitar un sitio, es ser parte de él.” Más aún. Y para ser parte de un lugar ajeno a nuestra rutina, uno tiene que adaptarse, tiene que cambiar.

¿Sabéis aquello de salir de la zona de confort? Uno está acostumbrado a unas formas de hacer, aunque no sean beneficiosas, a unas personas, a un entorno… A veces, aunque eso que nos rodea no nos aporte nada bueno o nada nuevo, seguimos ahí anclados por miedo a lo nuevo, por miedo a lo desconocido, por miedo. Una vez que uno se enfrenta a estas cosas, aprende y las incorpora a su vida. De esta forma, la próxima vez, esas cosas no le darán tanto miedo y las cosas que aún son desconocidas le parecerán menos difíciles. La zona de confort se hace más grande, lo que nos hace crecer.

Yo siempre he sido una persona muy observadora y reflexiva. He tenido y tengo muchos miedos, pero, a mi velocidad, me he ido enfrentando a ellos. Sabía que podía hacer este viaje porque me conozco y sé a lo que puedo enfrentarme. Pero, la verdad, me he sorprendido de nuevo. Me han sorprendido cosas negativas de mí que pensaba que ya había superado y me he reforzado en cosas positivas que ya había estado trabajando.

Los más cotillas estarán pensando : ¿y qué, y qué? ¡Que no has ido sola!  Aún siendo como somos seres sociales es impresionante ver que, a veces, es más reto relacionarse con otras personas que el propio hecho de estar en entornos desconocidos… ¡cómo somos! Y puedo decir que la compañía ha sido totalmente grata, digna de aportar apoyo, diversión, reflexión y crecimiento mutuo. Prueba más que superada.

Por lo que respecta a Asia. Dos meses nos parecían mucho cuando comenzamos y, como ya imaginábamos, no es suficiente.

Hemos visitado sobretodo Tailandia. Sin duda el país donde es más fácil viajar. Se nota que hay mucho viajero y las rutas están ya muy marcadas. Esto lo hace quizás menos auténtico, menos salvaje, pero ayuda. Y lo que más ayuda es su gente; gente maja que muchas veces te ve como un billete andante pero que no deja de sonreír. La verdad que no nos queda claro si son pobres o si es que se conforman con lo que tienen. Sin duda, el calor no ayuda a activarse. Hemos visto sobretodo islas, bastante explotadas en general. Hay playas bonitas, pero el paraíso no existe y las Baleares y la Costa Brava no tienen tanto que envidiarle. Lo peor: los mosquitos y la poca variedad de dieta: arroz y fideos.

De Malasia visitamos 4 sitios, dos islas y tres ciudades (sé contar, pero una de las ciudades está en una de las islas). Nos impactó desde el principio que se veía mucho más civilizado que Tailandia. Se nota que hay mucho menos turismo, te tienes que buscar un poco más la vida, no hay tanta información por Internet… la gente es bastante más seria, supongo que también por eso parece que el país va mejor. Mucha más variedad de comida debido a la mezcla de culturas. Tuve la sensación que es un lugar donde podríamos llegar a vivir.

Singapur fue un “pis-pas” y no lo visitamos en profundidad. La sensación que me dió es de gran ciudad tipo Nueva York, con sus suburbios y sus rascacielos. Nos dió mucho que pensar como estando tan cerca de Tailandia y Malasia haya conseguido ser tan distinta y tan rica.

Indonesia me ha sabido a poco. Bali nos dió una primera impresión muy mala con tanto tráfico y tanta gente y tanta gente queriendo hacer negocio con nosotros, nos agobió. Luego vimos la naturaleza y una isla; me dejó la impresión que si hubiéramos indagado un poco más, nos hubiera gustado.

Para un próximo viaje, no volvería a esta zona (aún), me da la sensación que aún con sus cambios, todo va a ser un poco la misma historia.
Es más, ya tenemos nuevo objetivo… Así que, ¡manos al ahorro y a seguir!

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Londres se nos acaba

Hace media hora aún quedaban los últimos rayos de sol de este día primaveral/tormentoso en Londres. Sólo me quedan dos días de trabajo, tres noches en la casa donde he pasado nueve meses y cuatro noches más en la que fue mi casa las dos primeras semanas que pasé aquí.

Vine para seguir creciendo, para seguir conociendo(me), para seguir aprendiendo. Sin duda, de nuevo: objetivo cumplido.

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Londres me ofreció un verano gris y con nórdico, menos lluvia de la esperada, muchos cielos grises pero menos tristeza de la que pensaba que eso me provocaría. Me parece una ciudad preciosa, me encantan sus casitas, sus fachadas, su río, sus canales y sus parques infinitamente verdes.

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La mezcla de personas en esta ciudad es impresionante, pero a diferencia a Nueva York, en Londres la mayoría de immigrantes son de otras partes de Europa, muchos italianos y españoles. En mi trabajo, ninguno de los trabajadores, ni siquiera el jefe, es británico. Aprender inglés me ha sido más difícil esta vez, aunque me ha ayudado a mantenerlo activo.

Otra experiencia más la de vivir en una casa con cinco personas más. Volver a casa buscando la tranquilidad y el silencio y el espacio personal y encontrar que tienes que seguir socializando y compartiendo espacios y pensando en los demás…. Toda una aventura lo de las casas londineses. Además de los precios desorbitados que no permiten a un trabajador normal poder tener su independencia (520 libras por mi habitación, precio de los más baratos para una habitación individual decente).

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Os voy a confesar una cosa que no dije al principio: vine jugando al amor. El juego parece divertido, seguimos la partida. Es por eso que mi experiencia en Londres ha sido mucho más que eso. Y también es por eso que Londres se acaba aquí y ahora pero sigue algo mucho más maravilloso, interesante y sorprendente.

No digo más, de aquí a unos 15 días Xavi y yo estaremos volando a Bangkok para pasar nuestra primera luna de miel en Asia durante dos meses. ¡Estar atentos!

Londres, gracias por lo ofrecido, ha sido un placer.

 

 

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Deambular

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El deambulador está continuamente en movimiento. Más exactamente, él es su propio movimiento. (…) Claudio Aporta, que llevó a cabo trabajos de campo etnográficos en la comunidad iglulik, informa de lo que es para los esquimales, “viajar…. no es una actividad de transición entre un lugar y otro, sino un modo de ser… Viajar de un lugar o hacia un lugar juega un papel importante en la definición del mismo viajero” (Aporta, 2004: 13)

Para los esquimales, como observa Aporta, “la vida transcurre mientras se viaja. Se conoce a otros viajeros, nacen los niños, se caza, se pesca y se realizan otras actividades para subsistir”.

También los navegantes hacen su camino por líneas invisibles. Siempre atentos al viento y al tiempo, a las mareas y mar de fondo, al vuelo de los pájaros y otra cantidad de signos, el marino experimentado puede guiar su barco a través de las aguas más profundas sin hacer uso de cartas o intrumentos de ningún tipo.

(guiño, guiño).

A diferencia de cuando se deambula o se navega, cuando se transporta, el movimiento está dirigido a un destino concreto. No se trata tanto de un desarrollo a lo largo de un modo de vida como de un transporte a través de gente o bienes de tal modo que su naturaleza básica quede intacta. Por supuesto, incluso el deambulador va de un sitio a otro, como lo hace el marinero de puerto a puerto. Cada cierto tiempo tiene que parar para descansar, necesitando incluso volver para ello a una misma morada o refugio. Sin embargo, cada pausa es un momento de tensión que – como cuando se contiene la respiración- cuanto más largo se hace más intenso e insostenible se vuelve. De hecho, ni el deambulador ni el navegante tienen un destino final. Da igual dónde estén, siempre y cuando la vida siga, habrá otro lugar al que poder ir.

Esto lo dice Ingold en su “Líneas. Una breve historia.”

Y Aporta en ” Routes, trails and tracks: trail breaking among the Inuit of Igloolik”.

3, 2, 1…

Desenpolvando alas.

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Bon vent.

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Son casi la 1 de la mañana. Ya me espero que en 5 horas suenen unas voces de niña llamando al personal para abrir los regalos que hemos estado envolviendo hasta hace un rato.

Me da igual estar zombie mañana en la comida de Navidad que voy a hacer con mis amigos (algunos que he hecho aquí y una de allí :D) pero necesito regalaros este instante: Gracias por viajar conmigo y, sobretodo, gracias a aquellos que viajan cada día y se aventuran, y se equivocan y aciertan, porque han hecho esta realidad posible.

Yo quería felicitaros las fiestas antes, con postales personalizadas y esas cosas que sabéis que me gusta hacer, pero nunca encontraba el momento, ni la motivación, sinceramente. Y me he preguntado, ¿porqué? Estoy AQUÍ y AHORA, viviendo el momento con la gente que ahora está presente, que nunca antes lo estuvo y que, posiblemente, no lo volverá a estar. Además, eso de reflexionar y acordarme de vosotros, y escribiros, y contaros, y pensaros… lo hago cada día, y vosotros también lo hacéis conmigo, que es como tiene que ser. Aún así, porque nunca amarga un caramelo, ahí va eso:

Que el viento os sea amables en estos días y en los que están por venir.

Oda a las madres y lo que sentí como madre postiza durante cinco días.

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Ser madre es muy duro.

Gracias mama por aguantar tanto, por soportar cada día todas las horas que estábamos en casa dando guerra, peleándonos y gritando, gracias por cocinar para nosotros cada día cosas tan elaboradas y después aguantar que no nos gustara, gracias por dejar de trabajar para dedicarte a nosotros, gracias por escucharnos. Gracias también por no comprar nunca un perro que ladra a las 6 de la mañana cada día. Lo siento cuando te culpé por recoger la mesa cuando le tocaba a mi hermano, o recoger su habitación.

Sí, a mí se me están quitando las ganas de ser madre.

Por si aún hay alguien a quien no le he explicado mi última aventura, ahí va:

Los padres se fueron cinco días de vacaciones al Caribe y yo me quedé sola con las peques (y también con 500$ más en la saca). Se fueron un jueves de madrugada, volvieron al martes siguiente, también de madrugada. Jueves bien. El sábado yo tenía clase en Manhattan así que el viernes noche una familia amigos suyos vinieron a dormir y pasar el sábado cuidando las niñas mientras yo iba a estudiar. Cuando llegaron el viernes, a las 22h, las niñas aún estaban despiertas e hiperactivas (normalmente antes de las 21.30h ya duermen o deberían). Esta familia, que tienen dos niños más, empezaron a hablar, encender la chimenea, olvidándose de abrir la salida de humos, humos por toda la casa… Yo me tenía que levantar a la 6am. Alrededor de las 11.20pm las niñas dormían, yo a las 12pm.

Clase. Quedé para tomar un té, a eso de las 14h, pero sin haber comido. El té sabía a café, o era café, aún así me lo tomé. En el tren comí lo que llevaba en mi tupper. Estaba cansada, pero también me empecé a sentir mareada y, más tarde, taquicardias. Cuando llegué a casa, a eso de las 4.45pm, la familia seguía en la casa, y aunque yo estaba deseando que se fueran, se quedaron a hacer cena. Se quedaron, entre otras cosas, porque el perro no estaba comiendo y estaba como cansado; estaban preocupados. Yo mareada y con taquicardias, el perro comiendo sólo cuando yo se la daba con cuchara.

Al final se fueron, a eso de las 7.30pm. Las niñas se ducharon, porque habían estado jugando en el jardín todo el día, revolcándose entre hojas caídas. Se duchan siempre que juegan fuera porque corren por estos lares un tipo de garrapata que lleva un tipo de enfermedad que afecta el sistema nervioso. Pues bien, en estos 5 meses no había pasado pero… Dewey encontró un bicho en su ombligo que yo saqué tirando varias veces con todas mis fuerzas. Yo mareada, nerviosa, cansada, el perro raro, una posible garrapata. Pánico. Mi cabeza empezó a trabajar más de lo que debiera. Empecé a leer todo sobre los síntomas de la garrapata (que casualmente varios coincidían con mi estado). Me fui a dormir mandándome mensajes positivos al cerebro para serenarme. Me desperté cada hora, preocupada que a Dewey le entrara fiebre, me llamara y no me enterara. A la mañana siguiente, después de una hora tras la peque intentando que me enseñara su ombligo para ver si le había salido la “famosa mancha” del bocado de garrapata, me la enseñó y no vi nada raro, aún así, las engañé y las llevé a una farmacia para preguntar. Allí, este hombre farmaceútico, en vez de calmarme, me miró con cara de pánico y me dijo: “Llévala al médico”. Domingo. Me dieron la dirección de un médico de urgencias y allí fuimos usando mi intuición, porque el gps no lo encontré. Pedí visita para ella y, un poco más tarde, también para mí. Ella no tenía nada, si no hay mancha ni fiebre, no hay nada de qué preocuparse. Y yo… después de esperar tanto, y estando segura de que solamente estaba resfriada y nerviosa, decidí cancelar la visita. Fuimos al cine. Y estando allí, comiendo unos saludables tacos con queso, sentí algo raro en la mandíbula. Una de las consecuencias que había leído sobre La Enfermedad, era parálisis facial. La mente es inmensamente poderosa, coño. ¡Empecé a sentir que se me paralizaba! Rayada máxima, pero tenía que ir con las niñas a casa, cenar, hacer deberes… Ya no sentí más lo de la cara, dormí…

En algún momento pensé que se me iba la cabeza, que me daba un delirio o algo…. Por suerte el martes tuve el día libre y quedé con una amiga para hablar, y me fui a pasear por la playa, y dormir, y dormir.

El miércoles la niña se estaba cagando y vomitando, por suerte sólo le duró la mañana, pero ahí estuve yo todo el día encerrada en casa con ella de nuevo.

Conclusión: soy muy buena madre, pero tener niños es mucha responsibilidad muy grande, sobretodo si no son tuyos, y consume mucha energía.

Después de esa aventura, mi estado nervioso se ha quedado en un nivel un poco más alto del que estaba y las niñas me sacan de quicio más de lo que antes hacían y los fines de semana se me quedan cada vez más cortos. Y es que a mí eso de tener que decir 10 veces que hagan 1 cosa, me desquicia; que encima les esté diciendo que lo hagan y se pongan a gritar, sonriendo, saltando, subiéndose al mármol, maltratando al perro, sabiendo que yo no puedo hacer nada para pararlas, porque les comenzaría a dar hostias, y lo saben, pero saben que no puedo poque me echarían, me desquicia el triple. Si a todo esto le sumas que su máximo nivel de hiperactividad ocurre siempre justo a la hora de cenar, cuando queda poco rato para que los padres lleguen y sabiendo que ellos esperan encontrarlas cenadas, recogidas y en pijama… No tengo palabras porque se me han acumulado todas en la sien.

Creo que debería volver a hacer Body Comat para rebajar mi nivel de ansiedad…

Fall.

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Son las 22.12 del domingo. Las niñas duermen, los padres no están ni vendrán hasta mañana por la noche. El perro también duerme.

Este fin de semana ha estado nublado, niebla, lluvia a ratos.

La casa no tiene cerrojos.

Mañana a las 6 de la mañana nos levantamos y a las 9 vendrán los tipos que tienen que arreglar la chimenea y por la tarde llevo a las niñas a clase de hípica.

No, no pasa nada. No hay viajes. Lo más especial que os puedo contar es que los árboles están verdes-amarillos-rojos, que las tiendas están llenas de calabazas y las casas decoradas con más calabazas y los primeros toques de Halloween.

Últimamente, las noticias vienen de allí, de vosotros, hacia aquí. Familiares que se me enferman, que pierden el trabajo, que encuentran otro y lo vuelven a perder y vuelven a encontrar otro; o no. Parejas que se rompen; otras que se lo piensan. Vidas que vuelven a empezar. Amigas con bombos felices. Otras, con experiencias nada agradables.

Este otoño, tiene un aire cargado.

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Lo que te pasa después del viaje de tu vida.

Sí, el viaje fue increíble. Como bien habéis podido leer y comprobar con las fotos, me lo pasé muy bien. No eché de menos a nadie (lo siento por los corazones sensibles), era un viaje que tenía que ser así. De haber ido con alguien, todo hubiera cambiado, por supuesto hubiera sido estupendo también, pero hubiera sido otro. Conducir sola por esos lares, saltarse una salida por estar tan inmersa en mis pensamientos, comprar cds de buena música como compañía, conducir con la rueda pinchada por el medio de desierto durante 3 horas, llegar inesperadamente a la mejor cama con las mejores almohadas del universo, ver anochecer en un paraíso natural, despertarse, abrir la tienda y ver árboles… Esos olores, sensaciones internas y externas, aquí, dentro de mí, se quedan.

Después, llegas aquí, a esta casa, grande y bonita en medio de bosques y con un jardín largo y verde, y te sabe a poco. Varias amigas de aquí, que habían viajado antes que yo, ya me habían dicho que a la vuelta lo que querían era volver a casa, y sí… Me siento como que mi objetivo aquí ya se ha cumplido: he vivido el hecho de estar fuera de casa y lejos de tus queridos, he comprobado que me las apaño bien, me adapto bien, que estoy mejor sola de lo que ya pensaba; el inglés ya no me supone un reto, cuidar las niñas, tampoco. Tengo amigos, la familia es maja, dispongo de coche casi siempre… Pero (y, Mire, nunca te equivocaste cuando dijiste que siempre hay un pero) no es mi casa, no es mi vida.

Ya sólo quedan 4 meses (¡Dios, eso significa que ya llevo 8!). Así que antes de caer en depresión post-vacacional-vital, me hice un plan. Entre semana, me junto con Isabella (mi último fichaje brasileño en Redding) y hacemos: un día de biblioteca para repasar inglés, otro, de caminata por alguna ruta alrededor de casa, otro día de yoga y otro, día libre (sin contar el lunes que es descanso del fin de semana obligado). Además, este fin de semana voy a empezar un curso de inglés  en Manhattan todos los sábados por la mañana, y las tardes me he prometido llenarlas de cultura y paseos on my own. He encontrado varios eventos interesantes: Dumbo Arts Festival y Open House. Además, para Thanksgiving, mi padre y Pili vendrán a visitarme y pasaremos algunos días juntos en NY (*nota mental: encontrar alojamiento). Y después Navidad y… ¡se acabó!

Pensando bien todo lo que acabo de decir y sabiendo de todo lo que ya tengo.. Esta libertad, el cobrar cada semana, el vivir en un caserón, el tener la nevera y armarios llenos de comida (aunque a veces mala) tentadora sin pagar un duro, disponer de coche (Volvo ha muerto 😦 el de aquí y el de Premià), ir cada fin de semana a descubrir algo nuevo sin pagar tren (porque lo tengo gratis), hablar un idioma que no es el tuyo con (casi) toda naturalidad, hacer amigos internacionales que te explican muchas cosas interesantes, cuidar de dos niñas que te dan amor (y te ponen de mala leche) sin pedir nada a cambio…

Pensándolo bien, lo echaré de menos.

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The Trip is coming soon… right now!

El 14 de este mes hará ya 7 meses… ¡Ya me queda menos de lo que llevo aquí!

Con la familia sigo estupendamente contenta, en mi cabeza está la pregunta de si extender el periodo de estancia o no… Querer no quiero, pero la familia es maja, y en Barcelona… ¿qué? Pero cuando tengo amigos cerca como me pasó este finde con Marta, Dani, Montse y Edu… Jo, ¡qué morriña más grande! Me han dejado una angustia sobre lo grande que es la distancia…

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Pero…. Ya sabéis que yo ya no me ando con chiquitas y, por si fuera poco venirse un año a este inmenso país con este extraño idioma… ¡Ahora cojo y me voy sola de viaje una semana!

Mañana a esta hora (sábado a eso de las 22h) estaré volando dirección a Las Vegas. No, no se asusten, no he cambiado tanto. Dormiré allí mañana pero el domingo cojo coche y me pongo en marcha hacia el Grand Canyon, a 4horas. Voy a acampar allí dos noches y voy a caminar y asarme de calor como es debido (posiblemente también me marque unas lágrimas de emoción, ya os aviso). La cuarta noche volveré a pasarla en Las Vegas para al día siguiente emprender carretera hacia Yosemite, a 7horas. Allí acamparé 3 noches rodeada de osos salvajes.

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Sé que algunos os estaréis muriendo de envidia y otros estaréis pensando que estoy loca. Yo estoy súper emocionada, tanto que ni me lo creo y a estas horas aún no tengo la maleta hecha. Me da cosilla pero a la vez estoy súper tranquila porque voy a hacer loquemedélarealgana y sin discusiones porque me llevo muy bien conmigo misma 🙂

Sé que no podéis esperar a ver las fotos…. ¡Pues imaginaros verlo de verdad!
Uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuh! 😀

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Life’s wonderful.

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Dicen Love of Lesbian algo así como “Nunca hay final, no hay final, no es verdad, es verdad.”

No me voy a poner filosófica, pero es algo así lo de hoy.

Finalmente hoy me voy de la casa. La familia ha encontrado otra au pair que llega mañana.

Yo aún no he encontrado otra familia, pero estamos en ello con mi counselor, la responsable de este área. Tengo lo que queda de semana y dos semanas más para encontrar alguna familia capaz de quererme como yo merezco 😉

La verdad, estoy triste (ahora que nadie me ve). El peque esta mañana ni desayunaba, pobre, estos últimos días nos lo hemos pasado muy bien. Para que no estén tan tristes esta tarde voy a hacerles una mini fiesta con donuts y música y, si se dejan, fotos 😉

La foto de hoy, es de una carta que los padres me han dejado junto con el dinero de la semana, agradeciéndome el esfuerzo que he hecho y toda la pesca. Mira que somos tímidos y cobardes a veces…

Y hoy, está nublado…. (risas).

Pero, no es todo tristeza en la viña del señor, ¿sabéis porqué? ¡¡¡¡¡Porque hoy llega la Mire!!!! Estoy MUY contenta. Además os estaréis preguntando dónde voy/vamos a dormir estos días… Pues, como todos sabéis, yo encuentro amigos por todas partes y tengo la GRAN suerte, de encontrar SIEMPRE gente MARAVILLOSA (como vosotros, mis queridos lectores; que “cool” queda esto). Así que esta noche y mañana vamos a dormir en casa de una couchsurfer que conocí que vive aquí cerca de la casa; y el resto de días la idea es dormir en la gran manzana en casa de unos amigos de amigos de Barcelona.

¡Una semanita viviendo y visitando NY con una GRAN amiga! ¡Eso quita todas las penas!

Y qué casualidad que llegue justo hoy, ¿no?

La vida es maravillosa.

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