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Gili Air

Las Gili son tres y nosotros elegimos la menos transitada, buscábamos paz.
Y la encontramos.

Además, tuvimos la suerte de encontrar un hotel lejos del puerto y la gente. Una cabañita preciosa, con el lavabo abierto al aire libre y desayuno incluido. Una maravilla.

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En sí la isla tiene unos 5km, y no hay motor alguno. Los coches ni caben, las pocas motos que hay son eléctricas y se encienden con interruptor y los taxis son carros de caballos.

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Entre que el primer día llegamos y comimos, y que aquí se hace de noche antes, pronto nos cogió el anochecer. Y justo es al norte, donde nuestro hotel, donde se pone el sol de esta bonita forma.

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Los otros días estuvimos explorando la isla y nos dimos cuenta que este lugar vale la pena. Aguas claras y muchooooos corales, ¡vaya colección de natura morta he hecho! La orilla estaba repleta de restos de ellos.

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¡Y qué montón de natura viva también! Aquí el fenómeno marea es muy fuerte y en pocas horas el agua desaparece y deja al descubierto sus secretos.

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Disfrutamos como auténticos niños admirando estos pequeños trocitos de vida en acción.

Al principio vinimos con idea de ir de una isla a otra pero nos encontramos taaaan bien ahí, que ahí estuvimos 5 días. Hay turismo, pero más gente tranquila y hippie. Más de uno seguro que venía más por las setas “felices” que te ofrecían en cualquier lado. No se asusten, padres, nosotros no necesitamos estupefacientes para ver las estrellas, que por cierto, ¡¡¡vaya cielo estrellado por las noches!!!

Por cierto, mirar que barcos raros se estilan por las Gili.

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En nuestro camino vuelta a Bali para coger el avión a Bangkok, conocimos a un hombre holandés que hablaba español. Este hombre andaba por allí buscando un hotel que comprar y nos enseñó el que quería; una pedazo de casa, con piscina, muy bien arreglada, que ya funcionaba y tenía mánager y trabajadores y muy buenas notas en Tripadvisor, por la cifra de 250.000€. A ver, que yo no los tengo, ni los tendré, pero oye, ¡buena inversión!
El tema es que este hombre, que además tenía una tía abuela que fue mujer la mujer de Josep Pla, nos dijo que Nusa Penida era una isla aún muy virgen y preciosa. Lloramos mucho porque esa fue nuestra primera idea antes que las Gili, pero al final nos convencieron.

No hay mal que por bien no venga, Gili Air nos ha  brindado unos días preciosos (¡y no me ha picado ni un mosquito!).
Ya estamos en Tailandia para pasar nuestra última semana (lágrimas) en otra/s isla/s que nos quedó pendiente: Koh Kood y quizás Koh Chang.

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Bali

A decir verdad, esperábamos de Bali playas bonitas y relax máximo. Al ser el sitio que más nos ha costado encontrar información por internet, pensábamos que estaríamos solos…. Pero la realidad siempre supera la imaginación.
Nada más llegar al aeropuerto revivimos la sensación tailandesa de un montón de taxistas queriendo llevarte, señal de turismo elevado. Con el sueño que llevábamos estuvimos muy poco avispados y al final nos fuimos con el timador de turno que va sin taxímetro y te cobra lo que quiere. De camino al hotel ya nos pareció raro tanto tráfico a las 8 de la mañana. A la tarde nos dimos un paseo y el tráfico seguía. No podíamos creernos el movimiento que había en la carretera y, sobretodo, la cantidad de motos.

Al día siguiente nos dió un poco de cosa coger una moto, pero era eso o nada, todo está a largas distancias. Con el mono de playa, nos pusimos en dirección al sur de la isla, Kuta, y… chasco! Nos tocó la playa de las olas y los surferos!

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Yo y mis dotes de nadadora disfrutamos mucho de la sombra de una palmera mientras el niño jugaba con las olas. Para ser justos, nos fuimos en busca de otra playa para que yo también pudiera refrescarme. Ya llegando a nuestro destino, empezamos a ver a guiris con pelo largo y gorra para atrás, tablas de surf… Más olas. Directamente pasamos de largo, aunque la playa se veía muy bonita, y fuimos a visitar el templo de Uluwatu.

Este templo se encuentra en lo alto de un acantilado.

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Precioso de ver, el lugar, porque el templo no tiene nada y está casi todo cerrado sólo para rezar. Nos sorprendió la cantidad de turistas que había. No habíamos encontrado tanta gente desde el Grand Palace en Bangkok.
Además había varios monos cabroncetes. Vimos a uno robar en directo las gafas de sol de la cabeza de una chica y otro con dos móviles. Nos dejó un sabor amargo.

Al día siguiente fuimos en busca de un templo famoso, pero resultó que Google Maps no daba la dirección correcta, estaba mucho más al norte. Para aprovechar, nos fuimos en busca de otra playa al azar, más cerca de donde nos hospedábamos.
Ahí ya nos dimos cuenta de que el tema ola es algo común en Bali. El tipo del chiringo donde me senté a verlas venir nos dijo que en dos semanas tiene que cerrar de lo grandes que son las olas. Hubo olas que sobrepasaban a Xavi con las manos en alto, y mide 1.90m.

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De aquí nos fuimos a otro templo costero (me acabo de inventar el concepto): Tanah Lot. Un templo muy conocido porque las olas rompen en él.

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Ubicación idílica pero la masa de gente, terrorífica. ¡Qué poco y qué mal cuidamos estos pequeños paraísos!

Al tercer día nos mudamos más al norte, Ubud, porque las distancias para visitar esta parte en moto eran demasiado largas. Esperábamos encontrar verde por fin, y no lo encontramos. Entre eso, que el tráfico continuaba, que el taxista nos cobró otra vez un montón y que investigamos por internet y las mejores playas de la isla eran las que ya conocíamos, nos entró bajón. Ese día lloramos un poco, compramos vuelo a Bangkok, antes de lo previsto, y estuvimos planeando los 7 días que nos quedaban en Indonesia.

Al día siguiente, ayer, con pocas expectativas, nos dirigimos a visitar el volcán, Batur. A medio camino empezó a refrescar y nos alcanzó la negrura, llovió. Este trozo ya había sido más verde que lo que ya habíamos visto de Bali. Paramos en un lugar cualquiera a ver llover, filosofamos sobre la vida largo y tendido. La sensación de autenticidad volvió, Thanks God.
Cuando se despejó seguimos subiendo hacia nuestro destino.

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Gracias Batur, por darnos la sensación que buscábamos. Verde, silencio, fresquito, gente real, gente intentando vendernos cosas hasta en moto pero también niños jugando a fútbol entre vacas y cultivos de coles. Ya era hora. Al final ha sido uno de los ratos más auténticos de nuestro viaje hasta ahora.

En el camino de vuelta paramos en las terrazas de arroz, también mucho turista y listo cobrándote por aparcar en la calle, pero un paisaje que vale la pena .

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Para el día de hoy, un par de templos más. Goa Gajah, el primero. Un templo bastante bonito y al lado de un bosque que nos ha dado por investigar. Experiencia positiva. Esta vez hemos sorteado los cobradores de párquing.

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Después de esto, hemos visitado el templo más famoso de Bali: Tirta Empul. Es conocido por tener fuentes purificadoras donde la gente va a bañarse. Con el susto que nos llevamos con las otras visitas, teníamos miedo de agobiarnos de turistas, pero no ha sido tan grave.

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Me chiflan las esculturas que hay en estos templos y en todas partes, hay mucho movimiento de artesanía por estos lares.

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Como ya hemos leído y nos han dicho que las playas idílicas de Bali acabaron hace tiempo y en general no nos ha transmitido lo que buscábamos, hemos decidido mudarnos mañana a las Gili, unas islas que forman parte de Lombok. Vamos con una mezcla de miedo y esperanza… ¡Desearnos suerte!

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