¿Epidural o natural? ¿SS o Mutua?

Durante el embarazo me han aparecido varias preguntas bastante relevantes. Tener un espíritu crítico con la sociedad tiene estas cosas.

La primera pregunta grande que me hice me la hice mucho antes de quedarme embarazada: ¿epidural o natural? He tenido claro desde hace tiempo que prefería probar de tenerlo natural, sin anestesias. Esta es mi preferencia porque considero que el cuerpo está preparado para parir, por lo que debe estar preparado para aguantar el dolor que parir puede suponer. También lo prefiero porque si es un momento tan poderoso, quiero saber cómo es en todo su proceso, quiero sentir cómo se produce el nacimiento. Además, estoy segura que el sentir ayuda a que el proceso siga su curso natural.

Ahora, siempre digo, y sobretodo se lo digo a mi conciencia, que no se sabe hasta que llega el momento. No he pasado jamás por ahí, no sé qué se siente, no sé cuánto va a doler. Estoy segura que no me voy a morir del dolor, porque nadie se ha muerto por dolor de dilatar. Pero, lo mejor que tenemos es la suerte de estar en un lugar del mundo en el que podamos elegir, ¿porque podemos elegir, no?

Hay muchas mujeres que tienen miedo. El miedo provoca más dolor, ni que sea mental, eso lo tengo claro. Sentirse capaces y poderosas, nos hace más fuertes, estoy segura.

¿Sabíais que los dolores se dan en el proceso de dilatación del cuello del útero y no durante la expulsión? Cuántas cosas no nos explica nadie. ¡Compartamos, mujeres!

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Otra gran pregunta es, ¿dónde vas a tener a tu bebé? Por el lugar donde vives, te pertoca un hospital u otro, pero tú puedes elegir entre todos los públicos el que quieras, tienen la obligación de atenderte. La sociedad está de tal forma, que el parto natural es algo minoritario. Lo es, porque son más largos porque respetan el ritmo del cuerpo de la madre y bebé, y hoy día tenemos mucha prisa. Así que cuando pensé en elegir hospital, pensé en hospitales que tuviesen un poco menos de prisa y más respeto por las parturientas. Me tocaba Can Ruti, en su web dicen que tienen bañera de parto natural, cosa que a primeras habla a su favor. Una amiga que parió allí hace un año me contó que cuando ella estaba en boxes dilatando con otras tantas otras mujeres escuchó como una enfermera decía refiriéndose a una mujer que quería parir natural: “verás cuánto tarda  en chillar como una cerda”. No, no es lo que busco.

Me habían hablado muy bien de Sant Joan de Déu. Es un hospital de niños y respetan a las mujeres y su proceso de parto. También tienen bañera. Era mi opción ganadora. Pero no nos engañemos, 1. que haya bañera no asegura que las personas que trabajan allí estén a favor de usarla, 2. que haya bañera no te asegura que vayas a poder usarla porque el número de mujeres que pueden ponerse de parto a la vez que tú es alto y sé que la gran parte de Barcelona que quieran un parto natural acudirán antes a Sant Joan de Déu.

Entonces pasó una cosa en nuestras vidas, Xavi consiguió un trabajo nuevo donde le entraba mutua gratis y la mía a mitad de precio. La verdad, no tengo nada en contra de los profesionales de la seguridad social, creo que son tan competentes o más que en las mutuas. Tienen los mismos conocimientos, eso es seguro. Pero hay que reconocer las ventajas que puede dar una mutua y eso es lo que a mí más me ha hecho pensar y al final decidirme: no quiero dilatar en boxes y esperar a tener a mi hijo dependiendo de la cola de mujeres y de las urgencias de cada una. Quiero intimidad, tranquilidad y confianza.

Ojalá pudiera tenerlo en casa con algún profesional que me diera la seguridad de que todo iba a estar controlado si iba mal, pero eso vale 2000€. No estoy preparada para tenerlo sola así que he decidido ir a parir a un hospital donde vaya a tener mi privacidad e intimidad y a la vez vayan a respetar mis decisiones. La bañera aquí cuesta 800€, no he dicho que esté a favor de pagar por tener mejores servicios, pero pudiendo elegir, he decidido aprovechar la situación que la vida me ha brindado.

La decisión está tomada, veremos si hacen lo que dicen hacer.

 

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Azúcar.

En el análisis de sangre del segundo trimestre te miran cómo tienes el azúcar. Te mandan ir en ayunas y te dan a tomar un botecito de 100ml de glucosa. Mucha gente dice que es asqueroso, a mí no me lo pareció, es empalagoso y pesado, eso sí. Una hora después, te hacen el análisis de sangre. Al parecer lo que estudian es la capacidad que tiene tu cuerpo de asimilar ese azúcar.

En un nivel saludable, el máximo de azúcar en sangre que deberíamos dar después de una hora es de 140. A mí me salió 150.

Este no es un resultado concluyente, para tener una conclusión segura y poderte diagnosticar diabetes gestacional (algo muy común) tienes que pasar por otra prueba llamada “curva de la glucosa”. El primer paso de preparación para esa prueba es estar los tres días anteriores a la prueba comiendo cual cerda (ejem, perdón).

2100kcal para mi pequeño cuerpo de 50kgs. Atiborrarme. Dicen que lo hacen para poner tu cuerpo al límite y ver cómo lo asimila. Un coñazo, sobretodo si trabajas en horarios rotativos y encima te tienes que hacer tupper.

El cuarto día, hay que presentarse tras 12 horas en ayunas (temporalmente imposible). Esta vez la prueba dura 3 horas, te sacan sangre tal como llegas y te ponen una vía porque te van a ir sacando sangre cada cierto tiempo.

Bien, hay que llegar a las 3 horas para que la prueba sea válida. Yo, a los 10 minutos de haberme tomado la glucosa, lo vomité. Se ve que el contenido es más alto en esta prueba y que a menudo las personas lo vomitan. Bien, yo vomité y vino la enfermera “se acabó la prueba”, muy maja ella. Si no te ha parecido suficiente coñazo estar 3 días comiendo todo eso, levantarte a las 7.30 y tomarte un bote de azúcar, encima vomitas y no ha servido para nada. Perfecto.

¿Solución? Repetir la prueba. La repetí al cabo de unas semanas, y… la volví a vomitar. Alegría máxima. Mi comadrona me dijo que no si volvía a vomitar no me iba a hacer repetir y me mandaría al endocrino. Eso me alivió porque pensaba que me harían un estudio de otra forma distinta, pero no.

Me tratan como si tuviera diabetes gestacional porque no pueden cerciorar si la tengo o no. Me dieron otra estupenda dieta y un medidor de nivel de glucosa en sangre para el resto de mi embarazo. También recomiendan hacer deporte, caminar mínimo 30 minutos al día. Lo más gracioso es que los niveles que me van dando resultan ser más bien bajos en vez de altos pero dicen que podría ser que al final del embarazo subiesen de nuevo los niveles y hay que ir controlando.

En el caso de que los niveles me hubieran dado muy altos o muy inestables y, por tanto, se hubiera confirmado una diabetes, me tendría que haber pinchado insulina para regular.

El peligro de tener diabetes gestacional es que tu cuerpo no está estable asimilando la glucosa y eso desestabilizaría también al bebé. Como resultado pueden salir bebés muy pequeños o muy grandes. Normalmente es una diabetes temporal que aparece por el cambio hormonal tan grande que se da en el cuerpo. Una vez se acaba el embarazo, se acaba la diabetes.

Me han dicho que también me lo tendrán que controlar durante el parto. Ahí ya no sé porqué.

Me pregunto si es necesario poner al cuerpo en estos límites, si no hay formas menos molestas de medir esto. Si buscáis por internet hay muchas páginas que hablan de alternativas, pero ni la seguridad social ni la mutua me han ofrecido esas alternativas, ¿porqué?

¿Y sabéis lo que más rabia me dió? Que yo como sano, no como ni mucho azúcar ni muchos productos manufacturados, y me muevo, subo escaleras… Y otras mujeres usando como excusa que están embarazadas para ponerse como el quico de guarradas… Pero nada, es cosa hormonal, no hay nada que hacer.

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¿Es niño o niña?

Vaya momentazo. A partir del cuarto mes, semana 20, ya se puede saber el género del bebé pero como las ecografías las hacen cada 12 semanas, había que esperar hasta la 24.

Desde el momento que supimos que era verdad que había un pequeño creándose dentro de mí, empezamos a pensar en nombres (sobretodo yo). También empezamos a tontear con lo de pensar si es niño o es niña. Yo soy feminista, es un hecho. Lo he sido siempre pero no lo he sabido hasta que he sido más mayor. Y es una lucha que llevo día a día y que me gustaría exterminar. Con este pensamiento, me ilusionaba pensar que iba a traer a una mujer al mundo y que iba a transmitirle todos los valores que a lo largo de la vida he aprendido como mujer.

Además, el papá es muy hombre en el sentido de que le gusta el fútbol, las carreras, las consolas…. Y me parecía muy fácil que un niño que quiera imitar a su padre, saliese así. Quería evitarlo a toda costa.

El día de la ecografía íbamos con nombre para niña, Noa, pero no nombre de niño. ¿Será una señal?

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Pues es niño. En la segunda foto se puede apreciar al bebé visto desde abajo como si estuviera sentado, las dos piernas y en medio una pichilla.

La verdad, me dió bajoncillo en un primer momento, hasta alguna lagrimilla. Esto es lo malo de crearse expectativas. Luego nos dijeron lo sano que estaba, el corazón como un toro y todas las partes en su sitio y en su momento evolutivo. Al par de días se me fue pasando. La reflexión fue la siguiente, ¿quién mejor para educar en el feminismo que a un hombre? ¿Qué más da? Un ser humano bien educado va a aportar al mundo, sea el género que sea, es eso lo que se busca, ¿no?

Para otra entrada voy a dejar lo de entrar en la mutua, pero en esta entrada voy a enseñaros el momento en que la ternura me invadió tanto que todo lo demás me dió igual. El momento en que a través de una eco 3D le vi la carita y ese abracito tan mono.

Puro amor.

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No me abrocha el botón

Octubre, semana 21 de embarazo. Llegó el momento, el pantalón ya no me abrocha. Aún la gente no se percata de mi barriga ni me ceden el asiento en el transporte público, pero a mí los pantalones ya no me caben.  Así que toca adaptar vestuario…

Y ¿dónde vas a comprar ropa premamá? (¡Ay, mamá!) Ya sabía que en H&M tenían, no gran cantidad ni variedad, la verdad, y tampoco en todas las tiendas, pero dentro de toda la oferta, son los que más y mejor tienen. Descubrí que también tienen en algún Mango, aún menos cantidad, pero a un precio asequible y la mayoría se puede comprar online. También tienen en algunos C&A. Si hay más sitios, que seguro, no he sabido encontrarlos.

Lo mejor es heredar, como yo, porque ropa que vas a usar unos meses… No soy yo muy gastosa.

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Durante el embarazo he ido engordando solamente el peso propio del bebé, líquidos y bolsa… A quilo por mes. Aunque los pantalones no me caben, las camisetas, jerseys y vestidos, sí. Supongo que me ha ayudado a mantener el peso el seguir comiendo lo de siempre y mantenerme activa.

Cuando me quedé embarazada, estaba apuntada al gimnasio, básicamente para hacer Zumba, Pilates, clases de baile… Como dicen que los tres primeros meses es más peligroso hacer según qué cosas, dejé de ir. Pero, oiga, no hay nada como tener un hermano entrenador personal: http://entrenadorformafisica.com/

Me preparó para los primeros meses ejercicios de suelo pélvico y de reforzar el abdomen para que la espalda no sufriera cuando la barriga aumentara. Y caminar, mucho caminar. La verdad, con mi trabajo de 8horas sentadas y los horarios rotativos, no todas las semanas he podido, y anda que no lo he notado cuando he estado varios días sin hacer. Ahora, ya de 7 meses, cada vez lo necesito más porque si no hago, me duelen las lumbares.

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También me he estado leyendo libros que me recomendó una amiga, que sabe mucho de reforzar a la mujer y su poder como mamífera y ser poderoso capaz de crear vida, nutrirla y parirla de forma natural.

También tengo pendiente otra lectura que me recomendó mi prima, alguien más relajada y menos radical pero también a favor del poder de uno mismo: El Concepto del Continuum. En busca del bienestar perdido de Jean Liedloff.

También he ido siguiendo varias webs que apoyan el parto y la crianza naturales, muy interesantes:

El conocimiento da poder y tranquilidad.

 

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Viajar antes de nacer

Antes incluso de quedarme embarazada, compré los billetes para New York. No estaba embarazada pero ya teníamos la idea, así que leí las políticas de vuelos durante el embarazo antes de comprarlos. Norwegian, que nos daba la opción más barata, dice:

“¡Damos la bienvenida a las futuras mamás en nuestros vuelos! Por tu propia seguridad y la de tu bebé, puedes precisar un certificado médico para volar con nosotros en ciertas fases de tu embarazo.

Hasta 4 semanas antes de la fecha prevista del parto.
Puedes volar con nosotros sin certificado médico hasta 4 semanas antes de la fecha prevista del parto.
Entre 4 y 2 semanas antes de la fecha prevista del parto.
Tu vuelo no puede tener una duración superior a 4 horas y te pedimos un certificado médico que confirme que puedes volar. Si viajas en un vuelo de ida y vuelta, asegúrate de estar cubierta por el certificado durante la totalidad del período. Ten a mano este certificado en tu equipaje de mano en todo momento durante tu(s) vuelo(s)

Menos de 2 semanas antes de la fecha prevista del parto.
Por tu propia seguridad y la de tu bebé, no podrás volar con nosotros si quedan menos de 2 semanas para la fecha prevista del parto.”

Leí que más que nada es por el peligro de que te pongas a parir en medio del vuelo. Yo iría sobrada, así que los compramos.

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Lo primero que me hizo pensar en “problemas” de viajar no tenía que ver con el vuelo, sino con la comida. Querida toxoplasmosis… Como no fui una niña rural, no estuve entre animales salvajes ni mucho salvajismo natural en general, así que nunca pasé esa enfermedad. Al parecer, si la cogiese ahora, durante el embarazo, sería peligroso para el bebé. Para evitarlo hay que evitar estar en contacto con gatos salvajes (digo yo que con cualquier animal salvaje, ¿no?, comer carne o pescado crudo (si no ha sido congelado antes), eso incluye embutido (excluidos jamón y pavo cocidos), anchoas, escabeches, paté, etc., porque esa elaboración no pasa por congelación ni ebullición por lo que no mata el bicho.  Aún no me ha quedado claro si lo de los lácteos pasteurizados tiene que ver con la toxo o no (según internet es otra enfermedad, listeriosis, pero nadie me lo ha explicado), pero vaya, que tampoco puedo comer lácteos no pasteurizados.

Total, que no me veía en Nueva York, preguntando si el queso que lleva esa hamburguesa está pasteurizado o no. Confiamos que con el calor del contacto con algo caliente, sirva. Al principio ni comía pizzas, pero… ¿el calor del horno servirá también, no? Cuántas cosas se escapan…

 

Llegó el momento de volar. Y hasta el día de antes no había tenido miedo, pero a la que se acercó el momento pensé… ay, a ver si el peque va a sufrir… La anecdotita viene cuando una vez ya en la cola del check-in, delante nuetro venía un chico en silla de ruedas porque llevaba una pierna enyesada. Una azafata le preguntó si llevaba toda la pierna con yeso y dijo que de ser así era peligroso porque en el vuelo todos los órganos se hinchaban, con lo que su pierna podía “estrangularse”. Mi vena materna salió y me dió miedo pensar que el bebé también podría hincharse. Y me empecé a sentir mal por si le estaba poniendo en peligro. En fin, que mira que he volado veces, pero siempre me da miedo y pensar… a veces es malo.

Además, aunque en esas fotos ya se me vea barriga, la verdad es que vestida normal, la barriga era pasable como michelín, y me daba miedo que si hubiera riesgo por estar embarazada, nadie me avisara porque no se diese cuenta de que lo estaba. En fin, un drama, unas lagrimillas, un abrazo y pa’lante.

Todo bien. Y un viaje muy bonito porque se juntó que eran recuerdos para mí, que era el sueño de Xavi, que sería nuestro último viaje “de solteros” y también el primero del bebé.

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Vamos a ser padres

¡Qué difícil es tener una noticia tan importante que querer compartir y no poder! Bueno, claro que podíamos, pero como ni nosotros nos acabábamos de creer que esto estaba pasando, preferimos guardar la noticia. No pudimos retenernos con nuestros padres y hermano, quienes se sorprendieron y lloraron de alegría. Yo, sinceramente, aún no lloraba de alegría, lloraba de lo grande que me venía esa incredulidad.

Empiezan los primeros análisis de sangre con sus consecuentes análisis de orina… No he meado en un plástico tantas veces en mi vida.

Y al fin llegó el día de la ecografía. Momento decisivo. Si era cierto ahí nos lo iban a mostrar.

Al ser la primera ecografía y teniendo en cuenta que embrión mide menos de 6cm, es una ecografía de visión vaginal (cosa que nadie me avisó y no hubiera estado de más). Fue meter ese palito por mi útero y… Apareció.

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Ahí me corrió otra lágrima larga pero contenida. Estaba pasando. Tenía ya un diminuta pero perfecta criatura dentro de mí. Qué sabia naturaleza, cómo lo hace todo tan fácil. ¡Mira que cara tan bien formada! Al salir de la consulta lloré cual madalena. Alegría y sorpresa seguían luchando en la batalla de mi sentir.

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Tenía muchas ganas de compartirlo con mis amigos más queridos, pero me retuve a decirlo en persona. Tampoco es que supiera muy bien cómo introducirlo, así que me llevé conmigo un soporte físico que evidenciaba cualquier idea abstracta. A cada uno de ellos le pasé la ecografía plegada para que la abriesen y conociesen al pequeño de primera mano.

Sorpresas, abrazos, algunas lágrimas y mucha alegría. Nunca he recibido tanta alegría después de una noticia. A amigos, conocidos e incluso desconocidos, sus reacciones fueron todas de pura emoción. Yo tenía miedo de que me juzgasen, al fin y al cabo, Xavi y yo tampoco llevamos tanto tiempo juntos, pero al parecer esto está por encima de cualquier otra cosa.

Algunos consejos, otros avisos, y algunas primeras lecturas… Vamos a ser padres.

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Una nueva aventura

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Esta es la primera imagen de esta aventura.

Este es un viaje que se prevee de larga duración; posiblemente el más largo de mi vida hasta ahora. Es un viaje que, como los otros que he hecho hasta ahora, ha nacido de la curiosidad, de la excitación, del querer saber más sobre mí, del querer seguir creciendo. Esta vez ha tenido gran parte de “culpa” el amor. Un paso hacia delante en la vida.

Todo empieza con un “y si…”. Nos proponemos intentarlo sin presiones, si no pasa, nos vamos de viaje largo a otro sitio, literal y metafóricamente hablando. “Oye, quizás ni podemos….”. Pero sin duda pudimos. La fertilidad estaba acechándonos con ganas.

Primero los pechos hinchados. Después cansancio. Por último una menstruación que no aparece. Y este aparatejo de plástico para dictar en unos segundos (cuando habría que esperar 5 minutos) que, sin duda, mis hormonas indicaban que la creación había dado comienzo.

Contrariedad. Emoción. Miedo. Silencio. Abrazos. Incredulidad.

En busca de una cercioración más ciéntifica acudimos al “centre de la dona”, pero para nuestra sorpresa, el aparatejo conteína toda la verdad, así que entro en el club de las embarazadas directamente, con carnet y todo. Ácido fólico. Citas para análisis de sangre y la primera ecografía en un mes y medio.

¿Y qué voy a hacer yo hasta entonces? ¡Qué alguien me compruebe que esto ya está pasando! ¡Mammamia! ¿Dónde nos hemos metido?

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Consciente 2017

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En escasos días nos brindamos una nueva oportunidad para comenzar.

Quería escribir esta revisión anual, como viene siendo costumbre, y quería estar contenta para hacerlo, pero no puedo. La verdad es que hace unos días que estoy triste. Estoy triste con la vida, con el planeta, con lo que hemos hecho con todo esto que nos rodea.

Puedo hablar del mundo: de los políticos que elegimos, de las decisiones políticas que dejamos que pasen, de las personas que llegamos a hacer famosas, de los programas de televisión que tienen más telespectadores, de lo que elegimos para invertir nuestro tiempo, de lo que decidimos vestir, de lo que decidimos escuchar, de lo que decidimos creer, de lo que decidimos comer, de lo que decidimos hacerles a los que nos rodean e incluso a los que queremos. (Y un largo etcétera.)

Puedo hablar de lo personal: de decidir ir a buscar por el mundo la verdad en vez de en los periódicos o en las nuevas tecnologías y de lo que eso me va devolviendo.

Hoy (26 de diciembre, festivo en mi comunidad) igual que ayer, me encuentro trabajando. ¿Debería estar contenta? Tengo trabajo, lo cual me va a permitir tener dinero, lo cual me va a permitir adquirir y hacer cosas que ahora no tengo o que aún no he hecho. ¿Es eso lo que queremos? ¿Es eso lo que quiero?

Ahí fuera, detrás de las cristaleras que ahora me rodean, más allá de esta ciudad, más allá de esta comunidad y este país e incluso este continente hay cosas y pasan cosas que no hemos visto con nuestros ojos y nadie quiere explicarnos. A parte de toda esa gente que sale en los periódicos y revistas que tengo aquí detrás hay millones de personas que son y hacen cosas mucho mejores y mucho peores de las que se explican ahí. No todo lo que hay que saber nos lo explican en la escuela ni incluso en la universidad, ni aún nuestros padres ni abuelos serán capaces de enseñárnoslo porque ellos tampoco lo saben. Hay cosas que existieron y ya no, hay cosas que existirán pero no aún.

Es tan basto esto que llamamos planeta, esto que llamamos humanidad, esto que llamamos vida, que me parece ridículo que sólo haya una forma de vivirla.

La primera semana de trabajo me dolió el cuerpo dos días y 3 la cabeza, después ya me he ido adaptando. Estuve a punto de ir al oculista a que me revisara la vista y a apuntarme a un gimnasio para que mi cuerpo se mantenga activo… Hasta entonces todo había estado bien. De verdad, ¿es todo esto necesario?

Más que triste, estoy confusa. No entiendo nada, cada vez lo entiendo menos. Y cada vez me parece más dificil la solución. La resignación no es la solución pero es tan cansado andar luchando a casa paso…

A nuestro 2017 sólo se me ocurre pedirle que nos haga más conscientes y más consecuentes.

Tailanda calidade

Ya ha pasado un mes… Pobres de nosotros.

Aún buscando un lugar de nuevo, sin dejar de pensar, recordar, mirar fotos para soñar con lo que ya pasó.

Aquí algunas fotos de Tailandia en calidad cámara réflex.

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Otra historia más que contar

Dicen que viajar te hace pensar, cambiar, crecer.

Sin duda, contra más largo es un viaje, más tiempo tiene uno de pensar. Porque, no nos engañemos, uno no está todo el tiempo arriba y abajo haciendo cosas, mucho tiempo es “muerto”.

Ya se sabe que, además, no es lo mismo ir a Francia, que a Turquía, que a China. La distancia aumenta la diferencia cultural (aunque con tanto movimiento y globalización, cada vez menos). Y si uno viaja como dice Xavi: “Viajar no es visitar un sitio, es ser parte de él.” Más aún. Y para ser parte de un lugar ajeno a nuestra rutina, uno tiene que adaptarse, tiene que cambiar.

¿Sabéis aquello de salir de la zona de confort? Uno está acostumbrado a unas formas de hacer, aunque no sean beneficiosas, a unas personas, a un entorno… A veces, aunque eso que nos rodea no nos aporte nada bueno o nada nuevo, seguimos ahí anclados por miedo a lo nuevo, por miedo a lo desconocido, por miedo. Una vez que uno se enfrenta a estas cosas, aprende y las incorpora a su vida. De esta forma, la próxima vez, esas cosas no le darán tanto miedo y las cosas que aún son desconocidas le parecerán menos difíciles. La zona de confort se hace más grande, lo que nos hace crecer.

Yo siempre he sido una persona muy observadora y reflexiva. He tenido y tengo muchos miedos, pero, a mi velocidad, me he ido enfrentando a ellos. Sabía que podía hacer este viaje porque me conozco y sé a lo que puedo enfrentarme. Pero, la verdad, me he sorprendido de nuevo. Me han sorprendido cosas negativas de mí que pensaba que ya había superado y me he reforzado en cosas positivas que ya había estado trabajando.

Los más cotillas estarán pensando : ¿y qué, y qué? ¡Que no has ido sola!  Aún siendo como somos seres sociales es impresionante ver que, a veces, es más reto relacionarse con otras personas que el propio hecho de estar en entornos desconocidos… ¡cómo somos! Y puedo decir que la compañía ha sido totalmente grata, digna de aportar apoyo, diversión, reflexión y crecimiento mutuo. Prueba más que superada.

Por lo que respecta a Asia. Dos meses nos parecían mucho cuando comenzamos y, como ya imaginábamos, no es suficiente.

Hemos visitado sobretodo Tailandia. Sin duda el país donde es más fácil viajar. Se nota que hay mucho viajero y las rutas están ya muy marcadas. Esto lo hace quizás menos auténtico, menos salvaje, pero ayuda. Y lo que más ayuda es su gente; gente maja que muchas veces te ve como un billete andante pero que no deja de sonreír. La verdad que no nos queda claro si son pobres o si es que se conforman con lo que tienen. Sin duda, el calor no ayuda a activarse. Hemos visto sobretodo islas, bastante explotadas en general. Hay playas bonitas, pero el paraíso no existe y las Baleares y la Costa Brava no tienen tanto que envidiarle. Lo peor: los mosquitos y la poca variedad de dieta: arroz y fideos.

De Malasia visitamos 4 sitios, dos islas y tres ciudades (sé contar, pero una de las ciudades está en una de las islas). Nos impactó desde el principio que se veía mucho más civilizado que Tailandia. Se nota que hay mucho menos turismo, te tienes que buscar un poco más la vida, no hay tanta información por Internet… la gente es bastante más seria, supongo que también por eso parece que el país va mejor. Mucha más variedad de comida debido a la mezcla de culturas. Tuve la sensación que es un lugar donde podríamos llegar a vivir.

Singapur fue un “pis-pas” y no lo visitamos en profundidad. La sensación que me dió es de gran ciudad tipo Nueva York, con sus suburbios y sus rascacielos. Nos dió mucho que pensar como estando tan cerca de Tailandia y Malasia haya conseguido ser tan distinta y tan rica.

Indonesia me ha sabido a poco. Bali nos dió una primera impresión muy mala con tanto tráfico y tanta gente y tanta gente queriendo hacer negocio con nosotros, nos agobió. Luego vimos la naturaleza y una isla; me dejó la impresión que si hubiéramos indagado un poco más, nos hubiera gustado.

Para un próximo viaje, no volvería a esta zona (aún), me da la sensación que aún con sus cambios, todo va a ser un poco la misma historia.
Es más, ya tenemos nuevo objetivo… Así que, ¡manos al ahorro y a seguir!

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